Durante
las últimas décadas la tasa de fecundidad en Chile viene experimentando
una caída sostenida, hasta llegar a su punto más bajo hace una década.
Las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) no mienten y
generan preocupación. Este fenómeno ocurre en la mayoría de los países
desarrollados o que están en vías de lograr esa condición. Pero esto
conlleva una serie de desafíos para los que el país se debe preparar y
así abordarlos oportunamente. Uno de los principales es el acelerado
envejecimiento de la población, que vemos con un sostenido aumento en la
Región de Magallanes y Antártica Chilena. Algunas estimaciones
proyectan que al 2040 los mayores de 65 años superarán a los menores de
15 en el país. Aquello puede tener efectos complejos, por ejemplo, en
los sistemas de salud y previsional, debido a que estos deberán hacerse
cargo de un creciente número de adultos mayores y con mayores
expectativas de vida, además del impacto que esta realidad puede
significar para la productividad del país, al producirse una disminución
de la fuerza laboral. En nuestra zona este fenómeno ya está generando
preocupación en las autoridades de salud y trabajo. Debieran
aumentar la cesantía y el gasto operacional en los hospitales. ¿Qué
hacer? Un factor de alta incidencia dice relación con el alto costo
asociado a la educación de los hijos. Allí puede haber una contribución
importante del Estado, eximiendo a lo menos de impuesto al gasto que
realizan las familias, y también a través de becas, créditos o subsidios
focalizados; asimismo, avanzar en facilitar a la mujer su desarrollo
profesional y familiar también sería un poderoso incentivo. Todos estos
aspectos son tocados por distintas políticas públicas, pero de manera
inorgánica y sin la prioridad que merecen.