Celebramos,
con mucha alegría el día de las profesoras y de los profesores. La
docencia es una labor que se hace desde el corazón y requiere mucha
paciencia, empatía, vocación, dedicación y esfuerzo. Si algo nos ha
enseñado la pandemia es que dejó al descubierto el trabajo de miles y
miles de maestros, por fin se visibilizó su tremendo trabajo, muchas
veces poco valorado y reconocido. Estamos de acuerdo en felicitar al
personal de salud por su compromiso en esta crisis sanitaria, pero creo
que los docentes se merecían también un reconocimiento. Ellos han debido
reinventarse, desarrollar nuevas estrategias para captar la atención de
sus estudiantes en este contexto.
Los
profesores no son robots que pasan los contenidos y nada más. Son
formadores, consejeros y, sobretodo en estos tiempos, contenedores
emocionales de muchas alumnas y muchos alumnas. Son el engranaje
principal de todo establecimiento educacional, las niñas y los niños
muchas
veces los ven como héroes o un modelo a seguir, por eso tienen una
tremenda responsabilidad en sus manos, con mucho sacrificio pero también
con satisfacciones al ver cómo los pequeños y las pequeñas van
creciendo, madurando, formándose, hasta que egresan y luego son hombres y mujeres de bien.
Cada profesor y cada profesora tienen su sello particular, el que es traspasado a los estudiantes
y eso es muy importante, ya que somos una país con diversas costumbres,
creencias y expectativas distintas respecto de lo que las familias
quieren para sus hijos e hijas.
Vaya
entonces un homenaje para aquellas personas que eligieron esta linda e
importante profesión. En su vida han visto crecer muchas generaciones.
Al final del día, en sus manos está el futuro de nuestro país: futuros
presidentes y presidentas, políticos, ingenieros, médicos, arquitectos,
docentes, etc., pero todos ellos formados, muchas veces, a su imagen y
semejanza.
Un
gran abrazo a todas las profesoras y los profesores de Chile, pero
especialmente, si me permiten, al equipo docente de nuestro querido
Colegio Nobelius. Nuestro cuerpo de profesores ha demostrado estar a la
altura de las circunstancias y en gran parte gracias a ellos hemos
podido salir adelante pese a todas las adversidades, como es nuestra
costumbre. Como dicen por ahí “lo que no te mata te fortalece”. No me
queda más que darles infinitas gracias por su labor, compromiso,
entrega y profesionalismo. Estoy muy orgulloso de ustedes y que sean
parte de esta gran familia nobeliana. Sigamos adelante con la misma
fuerza y entusiasmo. ¡Muchas felicidades a todas y a todos!