Con
motivo de la celebración del día de la mujer, hemos sido agobiados por
mensajes majaderos, que en nada enaltecen a la mujer. En efecto, la
prensa escrita, la televisión y por supuesto el mundo político,
utilizando a las mujeres de manera burda como instrumentos o trofeos
publicitarios, reiteran lo conocido o destacan lo innecesario. Resulta
francamente agotador, escuchar todo el día mensajes que pretenden
resaltar lo que todos saben, vinculados al importante valor que tiene la
mujer en la sociedad. La mujer siempre ha sido clave en nuestro país,
empezando por su rol único e irreemplazable de madre, en la familia
chilena. Quienes tienen hijas o nietas, cada día comprueban su
importancia como eje del núcleo familiar. Cada día hay más mujeres
liderando empresas, cargos públicos y asumiendo responsabilidades
variadas. Antes, las familias eran más numerosas, lo que dificultaba su
plena incursión en el mundo laboral fuera del hogar. Lamentablemente nos
hemos repletado de organismos combativos, agresivos e ideologizados,
cuyas líderes auto asignándose la representatividad de todas las
mujeres, intentan transformar al hombre en un ser despreciable y
responsable de todos los males de la sociedad. Muchas mujeres rechazan
la maternidad, lo que es una decisión personal, pero lo grave es que
atacan y discriminan a aquellas mujeres que
le asignan importancia a la familia tradicional con padre, madre e
hijos. Muchas consideran que la maternidad, les deja en desventaja para
asumir roles ejecutivos claves en la sociedad. Da mucha pena constatar
su incapacidad para comprender que lo más noble de una mujer es dar a
luz y criar a sus hijos. El aborto y el desprecio por la vida de quien
está en el vientre materno, están en los objetivos de colectivos
feministas que no logran la felicidad plena en sus vidas y solo buscan
imponer sus propias creencias. Chile se ha llenado de entidades con
nombre de mujer, muchos de los cuales no representan a nadie, sus
representantes son autonominadas y la prensa las acoge por el solo hecho
de ser mujeres y porque es políticamente correcto. Se habla mucho de
las brechas salariales, lo que es indeseable, pero que poco a poco se
han ido acortando. Las propuestas cuotas de género para cargos
directivos, es otro elemento discriminador que solo le resta mérito a la
mujer. Lo mismo sucede en universidades y prestigiosas facultades, en
que se han impuesto cuotas de admisión especiales para mujeres, lo que
en Estados Unidos
ha generado complicados juicios por ser fórmulas que atentan contra la
ley y la igualdad de oportunidades. Chile está lleno de mujeres
valientes y valiosas que día a día estudian y trabajan y que no
necesitan “padrinos” para alcanzar los objetivos. Una loquita
desquiciada argumentó en la prensa que las mujeres no esperaban flores
ni chocolates de regalo, reflejando los grados de amargura y resentimiento
a las que pueden llegar aquellas que piensan que la belleza y la
dulzura de la mujer son ajenas a la naturaleza de la mayoría. Hombres y
mujeres son complementarios, nacieron y crecieron para estar juntos,
para colaborar mutuamente, pero manteniendo
incólumes sus características personales. Los hombres no son iguales a
las mujeres y quienes no lo entiendan, deberían tomarse unos cursillos
de antropología. Las loquitas feministas también han contribuido a
vulgarizar el lenguaje, perseguidas por sus propias inseguridades y
carencias. Ojalá que esta tendencia, que no es solo de Chile, no
continúe y volvamos a la normalidad,
en las formas y en el fondo. Vivan las mujeres felices, aquellas que se
visten como tales, que se respetan a sí mismas, que no destruyen su
cuerpo y que son capaces de estar en pareja, tener hijos, de manera
estable y sin odios ni resentimientos. Hemos llegado a la locura de
hablar de gobierno feminista o de país feminista. Estas expresiones
son paranoicas, pues dejan a la mitad de la población fuera del
sistema. Es como decir gobierno machista. El peor favor que le hacen las
mujeres fanáticas a su país es promover un cambio de machista a
feminista. Ni lo uno ni lo otro, es a lo que aspira la verdadera mayoría
de los chilenos.