Fiestas Patrias: ¿Cuánto nos importan nuestros adolescentes?

Una
triste tradición de la cual hemos sido testigos en Fiestas patrias
tiene relación con los accidentes de tránsito. De hecho, justamente la
autoridad ya lanzó la campaña “Cuida tu vida, para tu familia y los que
te quieren, eres todo” con el objetivo de prevenir el consumo alcohólico
y de paso, los choques y atropellos. Y es que las cifras son
elocuentes, en 2019, antes de la pandemia, se registraron más de 1200
siniestros y 24 fallecidos, una cifra baja comparada con los 39 decesos
ocurridos en 2018. Hoy nos preparamos para una cifra similar.
Nuevamente, normalizamos la tragedia y ni siquiera nos preguntamos si
hay algo que podamos hacer.

En
Chile el 65% de nuestros adolescentes mueren por causas exógenas. En el
tramo de 15 a 19 años, casi el 50% de estas muertes se relacionan con
conductas de riesgo como la violencia y los accidentes de tránsito, con
involucramiento de drogas y alcohol. Nuestros adolescentes mueren por
causas evitables, pero pareciera que los adultos nos comportásemos como
si no hubiera nada que hacer.

La
Fundación San Carlos de Maipo lleva ya más de 7 años trabajando en el
concepto de la prevención, entendida como el abordaje sistemático de los
factores de riesgo y protectores que están a la base de conductas como
el consumo excesivo de alcohol y drogas, la violencia, la delincuencia,
la ansiedad o la depresión. En resumidas cuentas, evitar estas conductas
está directamente relacionado con cómo los adultos configuramos un
entorno donde los adolescentes puedan crecer en paz.


Si bien somos nosotros los que tenemos “el sartén por el mango”, como
padres, madres o cuidadores, nos sentimos muchas veces superados por
nuestros adolescentes, por sus cambios, su mundo que a veces
desconocemos, sus gustos e intereses que no comprendemos. En
consecuencia, la comunicación debe ser nuestro puente, busquemos
espacios para generar conversación, conocer sus gustos, valorar sus
intereses y opiniones diferentes a las mías, respetar sus puntos de
vista, acoger sus anhelos y lo qué les ocurre, con cariño y empatía.

Durante
estas fiestas, no nos quedemos mirando el calendario, encogiéndonos de
hombros y esperando que pase el “chaparrón”. Podemos actuar y reconectar
con quienes siempre serán parte de lo más importante de nuestras vidas:
nuestros niños, niñas y adolescentes.

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