A
todos los que somos fanáticos del fútbol, el día 30 de junio en la
inauguración de la Copa América USA 2024, nos sorprendimos ante un
comienzo poco común a lo que viene siendo este certamen internacional.
Pese a que el mundo hispanoamericano tiene fuertes bases cristianas en
su cultura, iniciar con una oración bendiciendo a América en el nombre
de Cristo, no deja de causar extrañeza y polémica.
Esta
plegaria de la Copa no solo provocó conmoción en quienes disfrutaban el
evento, sino que se agravó en las redes sociales y en algunos medios de
comunicación deportivas, los cuales despertaron sus fobias religiosas.
Sin
duda los medios de comunicación que no son confesionales, con la
salvedad del canal 13 que perteneció a la Pontificia Universidad
Católica, despertaron su rechazo. Crean o no en una deidad en materia
personal, a nivel editorial se sienten en la obligación de ser seculares
y se ven ofendidos si se promueven mensajes religiosos en eventos
deportivos u otras actividades más laicas.
A
estos señores de los medios les molestó la oración y bendición
religiosa, manifestando que la Conmebol se dio un gustito en los Estados
Unidos, cuando hay un 75% de americanos quienes profesamos la fe
cristiana. Es que sí, la Conmebol comete errores y abusos evidentes
porque es una tremenda International económica, pero de eso no tiene la
culpa la fe cristiana.
La
oración de los dos pastores evangélicos fue para bendecir a todas las
naciones de América, a los jugadores, hinchas, a la familia y para el
éxito del evento. La ceremonia vivida es muy similar al tedeum del 18 de
septiembre, que es un cántico religioso de acción de gracia guiado por
los distintos credos y dirigido a la patria, conmemorando el aniversario
de la independencia. Ambas son ceremonias donde se pide para que a los
participantes y sus respectivas patrias les vaya bien.
Esto
a mi juicio no atenta contra la libertad religiosa, no transgrede
contra la competencia y no atropella contra el juego limpio. Son valores
que van más allá del dinero, de la competencia, la sintonía,
significaciones distintas. Lo que les molesta a estos periodistas
deportivos que encuentran que esta materia es algo atingente, son causas
que no se mencionan.
Si
con la ceremonia se busca que al evento le vaya bien, no tiene nada de
ignominioso ni criticable. No obstante, si se hace mal vendiendo el
evento e impidiendo que la gran mayoría de los fanáticos no puedan ver
la copa América de forma íntegra, más aún cuando los canales de TV
locales te engañan ofreciendo la transmisión completa y en realidad tan
solo te transmiten los partidos de Chile, eso sí es injusto y
censurable. Una burla a los fanáticos del deporte rey.
Quienes
critican que se hiciera una oración y se leyera la biblia en un campo
de fútbol, no son capaces de distinguir la importancia de mantener el
derecho de cada persona a tener valores y creencias propias; laicidad,
en una cancha de juego. En otras palabras, a cuántos jugadores de este
deporte u otros, los vemos persignándose o levantando los brazos al
entrar en competencia, al anotar un gol o al termino del juego, dando
gracias al creador por permitirle salir del campo triunfador o perdedor,
o también por salir ilesos.
Dicho
esto, por qué el fútbol y la religión no pueden estar juntos. Por qué
alejar la fe religiosa de la actividad deportiva, por qué negar la
observancia en el deporte, si no hace mal alguno. También es cierto que
hay equipos muy conocidos cuyos orígenes han sido cristianos, tales como
el Borussia Dortmund, el Celtic de Glasgow, La Juventud de Turín,
Manchester City, Manchester United, FC Barcelona y muchos otros.
A
fin de cuentas, por qué tanta incomodidad por el discurso que
escuchamos en la ceremonia inaugural cuando en sí la oración era un
llamado a la paz, a aceptar las diferencias, tener la capacidad de
escuchar, reconocer, respetar, apreciar a los demás, un llamado a la
comprensión, a vivir pacíficamente y unidos. Discurso para incentivar a
los caminos de búsqueda y al perdón, una expresión de deseo benigno a
cada persona, familia y país para enriquecer y fructificar nuestras
vidas para que esta pueda expresarse en su plenitud. Por lo tanto, a
menos que haya otros intereses que nos impidan darnos cuenta de estas
virtudes y buenos deseos, quién no desea estas buenas intenciones.