Fomento de la lectura e impuestos

Recién
se fue el día mundial del libro; fecha que se conmemora la muerte de
Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega, pero, principalmente, es
donde los autores, las obras, los libreros, se toman los espacios y
recargan
energías para seguir adelante con una tarea quijotesca por mantener
vivo una sana cultura, que debe ser siempre para todos.

Hoy
más que nunca, cuando nuestros estudiantes se encuentran muchos
encerrados y sin clases presenciales, cuando los adultos mayores pasan
largas horas frente a una ventana, cuando las familias ya no encuentran
en que ocupar su tiempo, es donde esta maravilla llamada lectura recobra
su vital importancia y se tiene que ganar cada rincón del cotidiano.

Un
libro es imaginación, es entretenimiento, pasión, emoción, llanto y
suspenso. Un buen libro es amor, es estimular nuestras mentes y hacernos
más creativos. Una lectura es llevarnos a lugares impensados, nos
permite soñar, reflexionar, aprender y, para este tiempo, también
cuestionar.

Durante
esta semana, los diputados Jorge Alessandri y Gonzalo Fuenzalida,
ingresaron un proyecto de ley que busca reducir impuestos
en algunos bienes básicos y esenciales, entre ellos, el libro.

Lo primero es aplaudir que
definan a los libros dentro de los bienes básicos y esenciales, eso es
ponerlo a la altura que merece la importancia del fomento lector. Lo
segundo, la gran reducción del 19 al 4% impuestos para comprar, lo que
sin duda se verá reflejado en el bolsillo de quienes adquieran los
diversos ejemplares.

El
debate a diferenciar una compra, como un auto de lujo a la de adquirir
productos básicos, como el arroz, harina o un libro, no sólo hace
sentido, si no que hace justicia en donde se deben poner las prioridades
de las familias chilenas y dar un bálsamo también a nuestra alicaída
economía.

El
gravar los libros, ha llevado consigo la creación y crecimiento de la
piratería, la idea del adquirir una obra de nuestro autor favorito se
vea c
asi
como una ostentación, o, lisa y llanamente para algunos, un producto
que sólo por su precio, no es ni siquiera llamativo. Conclusión, Chile
cada vez lee menos.

Debemos avanzar que los libros lleguen a todos los rincones, que permeen principalmente en los niños, de
todos los credos, de todos los estratos sociales. La invitación está
hecha, vayan a las bibliotecas de los barrios, a las librerías, a La Qué
Leo, la Entre Páginas o la Vieja Patagonia (pido perdón por las que se
me fueron), intercambien los libros con sus amigos, haga que su vecino
se interese por algún tema, hagamos comunidad en torno a la cultura y la
lectura.

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