Forma y fondo

A
propósito de los últimos eventos de la diplomacia chilena es importante
reflexionar sobre la importancia y la relación entre la forma y el
fondo. Estos dos elementos son inseparables, uno habla del otro.

La
semana pasada se produjeron dos eventos casi imperdonables. El
presidente de Chile, Gabriel Boric se presenta ante la ONU con los
zapatos rotos. La canciller, Antonia Urrejola, no es a capaz de chequear
el nombre del nuevo rey del Reino Unido, cometiendo un error de varios
siglos al llamarlo Carlos II, de hablar de Inglaterra y de manifestarse
“contenta” antes de asistir a un funeral y no cualquier funeral, sino de
la monarca y uno de los personajes más importantes del último siglo.
Todo más que impresentable. ¿Todo esto es casual?, ¿es un error o es
deliberado? Pareciera ser que es más que deliberado.

La
banalización del poder pareciera ser un instrumento para lograr el
objetivo de destruir todo, para así construir un mundo nuevo. Son
revolucionarios fundacionales por lo que la destrucción es esencial para
que, desde las cenizas nazca el paraíso terrenal y utópico sobre la
tierra, que ellos prometen. Desde el comienzo de su mandato, e incluso
antes, cuando era parlamentario, Gabriel Boric se jactaba de su
informalidad como una característica que lo diferenciaba del resto, algo
que lo hacía éticamente superior. Entonces, cabe preguntarse ¿es
éticamente superior vestirse de un modo informal, sobre uno formal? ¿Te
hace eso más cercano de modo real a la ciudadanía? Si eso es así, ¿no
supone que la ciudadanía es inferior y que, por tanto, para acercarse a
ellos hay que degradar la realidad misma? Vestirse de un modo no
adecuado a las circunstancias no dignifica al país, sino todo lo
contrario.

Ellos
enarbolaban la consigna “hasta que la dignidad se haga costumbre”, pero
¿entienden lo que es la dignidad? Por lo mismo parece necesario definir
este concepto. Dignidad es intrínseca del ser humano, solo por el hecho
de ser persona, única e irrepetible, es algo que emana de la naturaleza
misma del ser personal, lo que implica que cada ser es único e
irrepetible, único en su especie que siendo un ser libre define su
propio camino. La dignidad nace del interior de la persona y que solo la
persona puede dársela o solo ella puede quitársela. No se trata de
algo material, ni de la cantidad de dinero que alguien tenga, o de la
cantidad de cosas que pueda adquirir, tampoco de los servicios que esta
persona pueda acceder, es más bien la valorización del ser personal y de
su proyecto. Si el alma es pura intentará manifestar desde su exterior
la pureza, si el alma es ordenada buscará mostrar eso desde la
apariencia, somos seres individuales que nos conectamos en sociedad, por
lo que las formas hablan del fondo.

Teniendo
esto claro, es de suma gravedad que quienes sean los representantes del
país, sus más altas magistraturas tomen esto a la ligera. Como personas
somos dignas siempre y eso no te lo puede dar o quitar nadie. Como
país, la dignidad se manifiesta en la historia, por lo que quienes
ostentan los altos cargos, deben saber que su deber es cuidar sobre
todas las cosas, ante la comunidad internacional, lo ganado en el
tiempo. El presidente no tiene derecho, por razones personales y de
gustos, a romper esas estructuras que son signos formales de lo que es
el país. Chile y los chilenos merecemos más, porque somos dignos,
esperamos ser bien representados y jamás banalizados. Chile es un país
serio, que tiene historia, que aglutina a los que son, a los que fueron y
a los que serán, por lo que un joven infantilizado no puede pasar por
sobre todos los chilenos. Eso es indigno y nos ofende a todos. Cuidar
las formas habla del fondo y eso es algo que nunca nadie debiera
olvidar. Los cargos formales implican responsabilidades y obligan a
quienes los ejercen a dejar sus gustos personales por un bien mayor, el
de toda la nación. El presidente deja de ser el mismo como persona y
pasa a ser el primer sirviente de la nación, como tal, no puede darse
gustos personales. La seriedad de Chile como país para inversiones
depende de cuan serio sea su gobernante y sus representantes. ¡¡Esto no
es un juego!!

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