Fortaleza en medio de la pandemia

Cada
día de esta pandemia nos sorprende con actitudes de nuestros
connacionales que tienden a actuar de manera desorganizada, sufriendo en
exceso, preocupados a niveles irracionales y con mucha torpeza e
ignorancia. Es algo común sustentado por las noticias de los medios, por
las políticas de extrema reserva establecidas el cuarto oscuro del
segundo piso de Palacio y por la interminable proliferación de
información verdadera o falsa que circula por las RS.

La
imposibilidad absoluta de racionalizar lo que ocurre y acertar nuestra
más efectiva participación en estos momentos nos llevará a situaciones
inimaginables de convivencia. No es lo mismo estar limitado en un
espacio físico de 200 o más metros cuadrados, con jardines, quinchos y
piscinas que lo que acontece en el común de nuestra población, con
delgadas paredes de ladrillería que permite el cruce de ruidos de los
departamentos vecinales y donde debe soportarse las ya consabidas malas
relaciones de pareja o de menoscabo hacia los hijos o rebeldía a los
padres. Los vicios y deseos reprimidos serán un manjar para la mala
convivencia.

Hoy
vemos personas intrépidas en extremo, desde el que sale a la calle sin
boquilla hasta el que justifica su fe en el Superior y puede exponerse y
exponer a todos a contagios. El primero no tiene amor por su vida, y el
segundo supedita su valor a un ídolo a quien teme desobedecerlo para
demostrarle una confianza en designios que nadie puede medir. Esas
osadías son del hombre mediocre, aquel que no ha aprendido a vivir, que
ha avanzado en su camino sin aprovechar a entender y hacer suya las
experiencias propias o de terceros. Son aquellos que, sin poder ver el
meollo de su realidad, tenderán a asociarla a la suerte, a la culpa de
alguien más, o a un castigo divino.

El
verdadero intrépido ama la vida y descansa en sí mismo porque no tiene
nada que perder. Prescinde de ídolos, deseos irracionales y fantasías,
porque está en pleno contacto con la realidad, tanto interna como
externa. Así podemos ver y elogiar la participación de nuestros “héroes
de la pandemia”, a quienes no podemos negar que se trata de personas que
se han encontrado en una situación límite a la cual nadie estaba
preparado y mucho menos deseado y allí están jugándole el juego al
bicho. El temor de los estudiantes de medicina de la UC es el reflejo de
esta falta de preparación o experiencias que pesará en sus conciencias
no hoy, sino cuando maduren en su desarrollo.

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