Este
año hemos visto casos graves de violencia en contexto escolar. Hace
algunos días, nuevamente en Lota, un estudiante apuñaló a otro en las
afueras del Liceo. También, en Coronel, una violenta pelea, con palos,
se registró al interior de un colegio. Más allá de la violencia que
vemos en estos terribles hechos, nos damos cuenta que esto está
sucediendo de manera regular en aquellos espacios que debieran ser de
protección para la niñez.
Comprensiblemente
apoderados de Lota manifiestan su temor a seguir enviando sus hijos a
clases, debido a la inseguridad que hay. Ante este escenario, es
imperativo que -junto con aumentar la protección y el control del orden
público en los entornos de los recintos educacionales- se impulse un
trabajo entre las familias y los colegios en torno a una visión común
que promueva nuevamente recuperar el espacio protector de la educación.
¿Cómo formamos ciudadanos responsables, empáticos, que resuelvan sus
conflictos sin violencia? Las fortalezas de carácter son características
de la persona, de carácter positivas, reflejadas en pensamientos,
sentimientos y comportamientos que pueden contribuir en su desarrollo
social. Las fortalezas de carácter son multidimensionales, pero,
especialmente, consideran disposiciones positivas que cada persona es
capaz de expresar cualquiera de ellas.
Peterson
y Seligman (2004) clasificaron las siguientes 24 fortalezas de
carácter: amor, amor por el aprendizaje, apreciación de lo bello,
autenticidad, autorregulación, bondad, civismo, creatividad, curiosidad,
esperanza, espiritualidad, imparcialidad, inteligencia social,
gratitud, humor, liderazgo, modestia, pensamiento crítico, perdón,
perseverancia, prudencia, sensatez, valentía, y vitalidad. Ahora bien,
el proceso de formar el Carácter requiere de un intenso trabajo entre la
Familia, la escuela y la comunidad que cree las condiciones, pero a la
vez catalice los comportamientos de tal forma que vayan anclándose en la
identidad. La formación del carácter les pone un propósito a las
habilidades socioemocionales que tempranamente los niños van
incorporando en su relación con otros niños y con Padres y Cuidadores
que promueven relaciones sanas y conductas prosociales. James Heckman,
premio Nobel de Economía, ha demostrado que estas habilidades no
cognitivas son críticas para el mercado laboral y el desempeño en
general en la vida futura.
Recientemente,
en el seminario “Fortalezas en Acción”, la Fundación Astoreca y la
Universidad de los Andes, expertos internacionales y nacionales,
expusieron los principales y más sólidos programas de habilidades
socioemocionales disponibles en Chile como el “Yo Puedo” de Fundación
San Carlos de Maipo, recientemente galardonado con el Premio Dra. Myrna
Shure en la “Social Emocional Learning Association Conference 2024”.
Y
es que la educación en la Virtud y las habilidades morales son
conceptos que datan de la antigua Grecia, pero que hoy requieren de una
lectura profunda de los cambios en nuestra sociedad que demanda a Padres
y Escuelas, a establecer un diálogo tras una misma visión compartida
para fortalecer los espacios protectores de la Niñez. No queremos más
violencia en los Colegios ni fuera de ellos, debemos mirar el futuro que
deseamos para nuestros hijos y trabajar juntos con un propósito que los
anime en la responsabilidad, el liderazgo y la perseverancia, para ser
mejores personas buscando el bien de los demás y en ese camino encontrar
de lleno su felicidad.