Hace
algunas semanas se dio a conocer el estudio Euromonitor sobre la
situación del contrabando, especialmente de cigarrillos en los países de
Sudamérica, que arrojó información útil para poder tomar decisiones en
Chile, Perú, Bolivia, Argentina y Brasil.
En
él se muestra que los países con mayor penetración de cigarrillos
ilícitos son Perú y Brasil, debido a las fronteras permeables con
Bolivia y, en el caso de Brasil, con Paraguay. Bolivia tiene la
penetración más baja de consumo local de cigarrillos ilícitos (12.6%),
pero es un país clave en el contrabando, moviendo grandes volúmenes de
cigarrillos a países fronterizos, especialmente provenientes de
Paraguay, gran productor de este ilícito.
Lo de Chile es preocupante
porque los estudios evidencian un aumento de la penetración del
producto, llegando a casi un tercio del total de lo que se comercia en
el país, con una alta presencia en ferias libres y comercio ambulante,
lo que favorece la venta informal de artículos de contrabando como
cigarrillos o medicinas sin receta.
Los
cigarrillos ilícitos -en general- se venden un 60% más baratos que un
equivalente legal debido a la evasión de impuestos, lo que es un
atractivo mercado para el comerciante ambulante. Se estima que el
vendedor minorista es capaz de ganar entre un 50% y 100% de margen con
la venta de cigarrillos paraguayos de contrabando. Lo que demuestra que
el contrabando es un negocio rentable, tanto para contrabandistas,
mayoristas y vendedores ambulantes o minoristas.
La
rentabilidad de este mercado, facilita la aceptación social y el
aumento del crimen, incrementando la pérdida fiscal y la competencia
desleal. La importación, exportación y venta por contrabando supone una
evasión de impuestos que provoca una pérdida fiscal para los gobiernos.
Las estimaciones en Chile, cifran esa evasión en alrededor de US$ 800
millones.
Los
efectos negativos del contrabando también potencian el desarrollo de
redes criminales a nivel nacional y regional. Se involucran con
organizaciones más establecidas para aprovechar rutas y logísticas ya
establecidas, teniendo sinergias con los carteles criminales de la droga
y de la trata de personas. En efecto, el contrabando de cigarrillos en
la región ha pasado a ser manejado por contrabandistas locales asociados
a redes de criminales internacionales, clanes familiares y mafias
regionales. Sin embargo, el contrabando hormiga tiene peso en rutas
fronterizas, como la de Arica, entre Perú y Chile.
Las
conclusiones del estudio, aplicables a Chile, apuntan a tomar medidas
para el combate de este fenómeno en los siguientes ámbitos: aumentar los
controles fronterizos, la persecución y los castigos de las conductas
de contrabando; materias en la que nuestro país está en deuda, debido a
la extensa frontera, especialmente con Bolivia que permite el paso de
mercaderías prohibidas y al insuficiente efecto de la persecución
criminal de este delito.
Se
debe mejorar los niveles de coordinación entre los países del Cono Sur
para tener una mejor trazabilidad del producto y así visualizar las
desviaciones del comercio ilícito, además de promover tasas de impuestos
semejantes en todos los países. Por último, trabajar con los
consumidores locales para desincentivar la compra del producto de contrabando, promover la economía y el empleo formal.
En
cada uno de estos aspectos el desafío es importante y requiere el
esfuerzo mancomunado de autoridades y sociedad civil para disminuir los
preocupantes niveles a los que ha llegado esta criminalidad organizada.
La oportunidad es ahora.