Fuego

El
Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres, (Senapred),
informó en sus últimos reportes que los incendios forestales en el
centro y sur del país han cobrado la vida de 24 personas y han arrasado
con más de 366 mil hectáreas.

En
Ñuble se estimaba alrededor de un total 55 mil hectáreas de vegetación y
bosque, en la Araucanía se han visto afectadas 91 mil mientras que en
la región del Bío Bío las hectáreas arrasadas acumulaban en la última
semana alrededor de 159 mil en total.

Por
otro lado, según indicaron, un total de 1.206 inmuebles han terminado
reducidos a cenizas y escombros. De ese total, 602 estaban ubicados en
la región del Bío Bío, 305 en Ñuble y 296 en La Araucanía. 95 incendios
forestales contabilizados se encontraban aún en combate el pasado jueves
y 176 incendios estaban controlados.

Por
otro lado, 28 personas habían sido detenidas por su presunta
participación en el origen de éstos. Frente a esta emergencia y
lamentables cifras, vuelven a surgir voces sobre el cuestionamiento a
los monocultivos como unos de los factores que incrementan el riesgo de
los incendios forestales en el país.

En
este contexto, ya en el 2020 el “Centro de Ciencia del Clima y la
Resiliencia”, en su informe “Incendios en Chile: causas, impacto y
resiliencia” comentaba sobre el riesgo de siniestros particularmente en
zonas como Maule, Ñuble y Bio Bío, esto debido a una mayor proporción
de pasajes dominados por plantaciones forestales y en menor grado por
bosque nativo y en donde las sequías son severas, las plantaciones son
especialmente extensas y el impacto humano es elevado, mencionando que
cuando la proporción de bosque nativo es menor a un 50% en el paisaje,
se observa una mayor ocurrencia de incendios.


A partir de los hechos que hemos presenciado estos últimos días, será
necesario esclarecer la responsabilidad de los detenidos como así
también cuestionar si se requiere modificar las sanciones de quienes por
una acción voluntaria o no, generen este tipo de hechos, se deberá
cuestionar la planificación territorial de dichos sectores en miras de
mitigar riesgos asociados junto a la necesaria fiscalización y
regularización de las plantaciones de este tipo, poniendo en el centro
de la atención las pérdidas humanas y materiales de quienes más sufren:
los vecinos y vecinas en el contexto donde les tocó vivir.

No
cabe duda que para hablar de un auténtico desarrollo, debemos asegurar
que se produzca una mejora integral en la calidad de vida humana, y esto
implica analizar el espacio donde transcurre la existencia de las
personas.

El
desafío exige sentarse a pensar y a discutir acerca de las condiciones
de vida y de supervivencia de nuestra sociedad, con la honestidad
para poner en duda modelos de desarrollo, producción y consumo.

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