No
estuvimos solos los que trabajamos por la opción “rechazo” en el
plebiscito constitucional, pero no fue suficiente para lograr el
objetivo que nos propusimos. Resistir la presión combinada del gobierno y
la oposición fue imposible. Requiere de una enorme fortaleza y de
muchos recursos. Aun así, uno de cada 5 chilenos advirtió el peligro que
se nos viene encima y votó rechazo. No somos pocos lo que podremos
responder ante las próximas generaciones, que en este momento crítico
del país dimos nuestro mejor esfuerzo por resistir.
Perdimos
la batalla cultural, tal como advirtiera ya en 2007 Axel Kaiser en su
libro “La Fatal Ignorancia”. Nos confiamos en que el buen desempeño
económico del país sería un antídoto contra la insensatez. Nos
despreocupamos de las ideas y nos dedicamos a trabajar. Lentamente y sin
que prestáramos la debida atención, el relato igualitarista de corte
socialista se fue difundiendo en los mismos colegios y universidades a
los que asisten nuestros hijos, además de los medios comunicación
tradicionales que se encuentran completamente colonizados por la
izquierda. Así, el relato se impuso por sobre los hechos y no tuvimos la
determinación ni nos preocupamos a tiempo de estudiar y difundir la
base conceptual sobre la que se asienta una sociedad abierta.
Tal
vez ya sea demasiado tarde para impedir el desastre inmediato, pero la
obscura noche que se avecina hará evidente las falacias difundidas por
el relato de la izquierda, brindándonos una gran oportunidad de lograr
que nuestro país retome prontamente el camino de libertades que nunca
debió abandonar. El extraordinario desarrollo que experimentó nuestro
país en las últimas décadas como producto del proceso liberalizador
llevado a cabo por el gobierno militar, crearon condiciones y
expectativas que son irreversibles. De ser uno de los países más pobres
de Sudamérica, llegamos a tener el más alto ingreso per cápita y fuimos
tomados como un ejemplo para todos los demás. No es posible volver
atrás. La gente no permitirá un retroceso en su nivel de vida, porque en
una economía desarrollada y globalizada, el estatismo simplemente no
funciona.
Y
ha sido tal el derroche que los “fondos de reserva” ya se agotaron. Por
lo tanto, todo lo que hagan los gobiernos en lo sucesivo, tendrá una
respuesta negativa inmediata. El deterioro será tan evidente que ni los
mejores apologistas del estado podrán ocultarlo.
El
desprestigio en que han caído los políticos favorecerá también poder
lograr un mayor control de la ciudadanía sobre el Estado y el triunfo
final del liberalismo no podrá ser detenido porque es la única doctrina
compatible con la naturaleza del hombre y del mundo. Como señala
Rothbard, “Únicamente con la libertad puede alcanzar el hombre la
prosperidad, la realización y la felicidad. En pocas palabras, el
libertarianismo triunfará porque es verdadero, porque es la política
correcta para la humanidad, y finalmente la verdad vencerá.”