El
último IPoM entregado por el Banco Central, prevé una discreta
trayectoria de crecimiento de la economía para este año, a la vez que
enciende todas las alertas sobre el control de la inflación, elevando el
pronóstico que había hecho en febrero pasado para este crucial
indicador. Complementariamente con este diagnóstico, la presidenta del
Instituto Emisor concurrió a la Comisión de Hacienda del Senado a
explicar las cifras y el análisis efectuado por los miembros del Consejo
de esa entidad. En su exposición advirtió que las presiones
inflacionarias no han desaparecido y que la convergencia del nivel de
precios de la economía a la meta de 3% anual tardará al menos un año más
de lo previsto. Todo ello, además, en un escenario externo inestable,
frágil y lleno de incertidumbres que, eventualmente, podrían impactar
negativamente a la economía local.
La
líder del Banco Central también dijo, con mucha claridad, que “(…)
reducir el exceso de gasto y lograr que la inflación vuelva a la meta de
3% es prioritario si queremos que nuestra economía logré soportar
adecuadamente los efectos de un deterioro significativo del escenario
externo”. Ese gasto excesivo es uno de los factores que está incidiendo
en la persistencia de la inflación. Pues bien, este es un punto muy
relevante de la posición del Instituto Emisor y la política monetaria,
en el cual los analistas no se han detenido suficientemente.
Por
otra parte, también se conoció la cifra de desempleo entregada por el
INE; ella resalta que el nivel global de ocupación ha caído, y que en
materia de creación de puestos de trabajo el sector público ha estado
por encima del sector privado. Ello, sin ninguna duda es coherente con
las consideraciones del análisis del Banco Central, y con la demanda
expresada por su presidenta de reducir el gasto del Estado.
Al
examinar estas cifras se advierte que la economía se está viendo
afectada por la gestión de unos dirigentes que no creen, o al menos
desconfían profundamente, del sector productivo, del mundo privado, y
que en cambio consideran que las soluciones para los problemas sociales
vienen del crecimiento de la esfera estatal. En el mundo actual, salvo
casos y situaciones muy calificadas y por lo mismo excepcionales, el
Estado no crea riqueza; la riqueza y el empleo se fraguan
preponderantemente en el campo productivo, en las empresas, en lo que se
conoce como economía real. Por otro lado, este análisis económico
coloca al descubierto la ligereza con que el gobierno gasta sin mayor
responsabilidad recursos que nos pertenecen a todos. A veces da la
impresión de que manejan dichos recursos como si les pertenecieran y
pudieran disponer de ellos con total liberalidad, destinándolos a
financiar cosas completamente suntuarias y prescindibles. Así por
ejemplo, en el primer año gestión se han creado innumerables empleos
públicos de justificación al menos improbable, ha crecido hasta el
hartazgo la contratación de asesores en los niveles más altos de la
administración, se han financiado estudios y campañas comunicacionales
perfectamente inútiles, por nombrar sólo algunas de las fuentes de
egresos más llamativas y recurrentes.
En
definitiva, es lamentable que la dispendiosa prodigalidad con que las
autoridades manejan recursos que son de todos, aparte de constituir un
abuso poco presentable, esté causando dificultades a la autoridad
monetaria para alcanzar los objetivos de inflación que se ha propuesto,
además de provocar un daño enorme a las economías domésticas,
especialmente a los sectores más vulnerables de la ciudadanía.