¿Cómo?
¿Por qué este juego? Aunque lo parezcan, términos equivalentes no son,
en el lenguaje no hay expresiones que puedan ser reemplazadas una por
otra, cómodamente, sin afectar una a la otra. Expresiones sinónimas, en
el sentido de iguales una a la otra, eso no es posible en una lengua.
Aclarado esto, gente no es igual a pueblo ni estas a ciudadanía.
¿Por
qué hay quienes prefieren el uso invariable de una de estas palabras, y
no dan espacio alguno a otra? El uso de estas expresiones, cualquiera,
se da tanto en el uso oral como escrito, y hay personas que, dada su
preparación, su formación o su actividad, usan una de modo preferente en
el ámbito discursivo, y en espacios de interacción amistosa.
Gente es una palabra que, en el español general, se utiliza como nombre colectivo no contable y significa ‘personas’.
Pueblo
es una expresión que tiene acepciones variopintas, entre las que una
“Gente común y humilde de una población”, y una más que refiere a “País
con gobierno independiente”.
Y, ciudadanía es una palabra que en uno de sus significados alude al “Conjunto de los ciudadanos de un pueblo o nación”.
Ya se puede apreciar que no son lo mismo, que no son equivalentes, que su uso apropiado es en contextos diferentes.
Y
es así co-mo surgen interrogantes acerca de la preferencia o
recurrencia de uso, y de la delimitación textual o contextual de esos
usos.
Verdaderamente,
¿en qué piensa un dirigente político cuando emplea la palabra gente?
¿En quién piensa, en quiénes piensa? ¿Es uno particular o, como reza el
significado de la palabra, en un conjunto de personas? No pocos
dirigentes han cruzado la línea esa, y se han atrevido a dar nombres
propios, uno o varios, en ocasiones, se trate de un nombre real o de uno
ficticio. ¿El resultado? Inicialmente, tibio, no más, mas transcurrido
un tiempo, se diluye el efecto de recurrir a un nombre o al mismo nombre
anterior, en lugar de la socorrida mención impersonal “la gente”, “el
pueblo” o “la ciudadanía”.
¿Por
qué? Porque, en uno o en otro caso de la estrategia empleada, la
mención es más bien relativa, insincera o, definitivamente, es un
recurso discursivo ligero.
El
término elegido, cualquiera de los tres, es una abstracción, es un
constructo teórico, es más bien inasible, no cuantificable. Y de ser
expresado, utilizado por alguien, se ha de saber que no tiene un
equivalente comparable, es solo imaginado.
Se
me ocurrió buscar en el megabuscador las tres palabras en cuestión, sea
cual sea la acepción de uso, y cerciorarme cuántas veces ese buscador
tiene registradas cada una de ellas, y lo que suponía, la palabra gente
gana lejos, pueblo le sigue y ciudadanía está bien a la cola en las
menciones. Resultados de la búsqueda, hoy, la palabra gente,
4.250.000.000 resultados, pueblo, 978.000.000 y ciudadanía, 158.000.000.
¡Sorprenden los datos estadísticos puros!
¿Cuál
será el dato estadístico del discurso del 1 de junio? Los del año
pasado son conocidos, ganó el pueblo, la gente casi no apareció, solo
dos veces fue mencionada.
Nuevamente asiento a aquello que afirma Fernando Savater, la gente es nadie.