Cada
cierto tiempo es bueno recordar como llegamos a este momento histórico
de nuestra sociedad. Mujeres y hombres jóvenes se atrevieron a saltar
los torniquetes del metro de Santiago y lograron liberar las emociones
de millones de chilenos, que en conjunto nos manifestamos en contra de
todas las injusticias que afectan al pueblo chileno. Marchamos muchas
veces por las calles de Punta Arenas y del país, y con ello logramos que
la elite económica y sus escuderos (as), los Parlamentarios (as),
tuvieran que someterse a la voluntad popular, y con malas caras (por si
no recuerdan la foto) tuvieron que firmar el documento que le salvaba el
pellejo al presidente, y de paso a ellos (as) mismos (as), donde se
comprometían a llevar adelante el proceso para escribir una nueva
Constitución para el país. Si la gesta fue épica, las motivaciones no
deben ser olvidadas.
Protestamos
por un sistema de AFP`s que lo único que hace es que las diez familias
dueñas del país tengan millones de dólares para administrar, y en
desmedro para los cotizantes, la entrega de pensiones miserables. Los
que marchábamos pedíamos el fin del sistema de AFP`s y la instalación en
Chile de un sistema de seguridad social integral, tal como lo define la
Organización Internacional del Trabajo (OIT)
Protestábamos
por un país donde los más ricos no pagan impuestos, esto porque,
existen más de 20 leyes, decretos con fuerza de Ley o normativas
tributarias que les otorgan beneficios impresentables, mientras que la
clase trabajadora paga todos los impuestos, siendo los regresivos los
más recaudados en el país. Un ejemplo de que los más vulnerables pagamos
el costo de vivir en el país es la implementación de la boleta digital,
la cual afecta a los negocios más pequeños, mientras los grandes
contribuyentes reciben megacondonaciones de deudas tributarias.
Protestábamos
por un estado subsidiario, que lo único que hace para resolver los
problemas sociales, es entregarle en bandeja los recursos del Estado a
los más ricos de Chile, para que ese dinero “chorree”…
Marchábamos
por una educación pública, gratuita, universal y laica, pero hoy
tenemos las brechas más grandes del mundo entre estudiantes de colegios
privados o particulares subvencionados respecto de alumnos y alumnas de
la educación pública y Municipal.
Marchábamos
por el fin de la privatización de los servicios básicos, y por los
cobros abusivos que nos hacen, incluso en los casos en que el Estado
hace la inversión inicial, y que hoy por ejemplo, si la empresa
sanitaria no quiere ampliar su oferta de servicios de alcantarillado y
agua potable, nadie puede obligarla. En el caso de las empresas de
generación eléctrica, se les asegura el 10% de utilidad por Ley, y que
decir de la conectividad digital en Magallanes, mejor no hablar de
ciertas cosas (como decía Cerati).
Marchábamos por todas
estas injusticias y muchas otras que podrían ser columnas de opinión de
varias semanas. Lo importante ahora, es que quienes fuimos parte
importante del APRUEBO y la CONVENCIÓN CONSTITUYENTE le recordemos
permanentemente a nuestros (as) futuros (as) Constituyentes el mandato
del pueblo, para lograr una constitución de derechos sociales garantizados.