Gestión del tiempo

Muchas
veces ya sea nuestro éxito o nuestro fracaso va a depender de cómo
dispongamos, administremos o gestionemos nuestro tiempo.

Definir
qué es el tiempo no es una tarea fácil. Aristóteles asociaba la palabra
tiempo a cambio. Señalaba que el tiempo es la dimensión del cambio. Si
nada cambiara, no habría tiempo.

Esta
realidad tiene algunas características propias tales como: el tiempo es
insustituible o irreemplazable. Es un recurso limitado, hagamos lo que
hagamos el tiempo se acaba. Es indispensable puesto que ninguna acción
humana puede realizarse sin tiempo. Es incontrolable, podemos regular
nuestras acciones, pero no así el tiempo.

Probablemente
todos nosotros hemos oído la expresión: “no tengo tiempo”. Sin
embargo, todos disponemos de todo el tiempo del mundo. Podemos quejarnos
de cómo lo usamos, pero nunca de no tenerlo. Por eso no deberíamos
hablar de tiempo insuficiente, hay que referirse a una mala
planificación del mismo. Todos disponemos de los mismos siete días de la
semana, con sus 24 horas cada uno. Su adecuada administración depende
únicamente de nosotros. Se sabe que se gasta el tiempo según hábitos
adquiridos.

Uno
de los grandes problemas que existen para gestionar el tiempo son los
ladrones de tiempo. Los cuales son determinadas actividades, situaciones
o personas que hacen desperdiciar este recurso.

Los
ladrones de tiempo internos son: hábitos o las circunstancias
inherentes a la propia persona y que se manifiestan en su conducta y
modo de gestionar su tiempo y sus tareas.

Una
mala organización hace que el tiempo se escape por todas partes. Se
pierde tiempo en decidir cuál es la tarea siguiente; hay que dejar
actividades a medias para atender otras que vencen antes. Es decir, dan
origen a la procrastinación, la cual consiste en retrasar actividades o
situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones
irrelevantes o agradables. Si se aplazan de manera habitual las tareas
que son desagradables, no van a desaparecer; aplazándolas solo se
consigue que se conviertan en urgencias más adelante. Además, tener
tareas pendientes afecta el estado de ánimo, puesto que pueden generar
culpa por no hacerlas y esto a su vez provoca estrés.

Otro
ladrón de tiempo interno es: cuando no se sabe delegar funciones y no
saber decir “no”. Cuando la persona pretende hacerlo todo se
sobrecargas y se queda sin tiempo para las tareas que son verdaderamente
importantes. Hay tareas que otros pueden hacer mejor, más rápido y con
menor costo que uno mismo. No saber decir “no” es igual de desgastante.
Obliga a hacer tareas que no se desean realizar o que no corresponden.
Para evitarlo hay que preguntarse ¿qué es lo que frena a la hora de
rechazar peticiones?


También existen los ladrones de tiempo externos: los cuales son el
conjunto de circunstancias que exceden la capacidad de control del
individuo. Entre ellos están el teléfono, el WhatsApp, las reuniones de
trabajo que no están programadas, etc.

Para gestionar bien el tiempo hay que identificar y combatir a los ladrones de tiempo.

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