Gobernanza y feminismo

Nuestro
Gobierno y su programa tiene tres perspectivas transversales que
recorren cada una de las propuestas que enmarcan nuestro proyecto
político en la búsqueda de justicia social y desconcentración del poder:
por un lado la evidente necesidad de descentralización, la
transformación social y ecológica así como también la necesidad de
avanzar en la construcción de un gobierno feminista. Dicha perspectiva
feminista de la economía y la sociedad tiene como eje principal la
sostenibilidad de la vida, siendo necesario para cumplir su objetivo por
identificar todas las formas de violencia transversal en lo económico,
social y cultural, no solamente hacia las mujeres, sino a la sociedad en
su conjunto. Para nadie es un misterio que se inició la gestión del
gobierno con la decisión de nuestro Presidente Gabriel Boric respecto a
ampliar la presencia de mujeres en la configuración del Gobierno, el
nombramiento de las primeras mujeres en ejercer el rol de Ministra del
Interior, la incorporación del Ministerio de la Mujer y la Equidad de
Género al Comité político y por cierto la conformación de un gabinete
compuesto mayoritariamente por mujeres, son señales claras de voluntad
para avanzar hacia la transversalización del enfoque de género desde el
Estado como un mínimo para la construcción democrática y para la
desconcentración del poder económico y político. En este contexto, es
fundamental comprender que dicha presencia mayoritaria de mujeres es un
acto evidentemente político respecto a espacios que históricamente han
sido habitados por hombres. Y si bien es cierto esto último es un
avance, el desafío es aún mayor, ya que el solo hecho de “ser” mujer no
asegura la existencia de una perspectiva feminista. Para esto, se
requiere comprender que la construcción de una sociedad cuyo horizonte
es la igualdad, necesita de todas y todos y en este contexto,
reestructurar la gobernanza bajo dicho prisma involucra desarrollar
acciones de vinculación directa con actores sociales de diverso tipo,
generar espacios de debate público en donde se puedan tejer vínculos
reales, empáticos y transversales. Empoderar a la ciudadanía y sobre
todo, a las mujeres para exigir nuevas maneras de gobernar que las
integre en los distintos espacios de decisión, requiere también la
comprensión de la idea de gobernanza más allá de los modelos políticos
tradicionales, significa precisamente avanzar con real voluntad en la
coordinación de todos los niveles de gobernabilidad y su funcionamiento
para la participación, vinculación y protección de manera igualitaria de
quienes habitamos en nuestra sociedad implicando aventurarse en un
camino de prácticas de trabajo comunitarias que aseguren espacios de
participación autónoma, transversal y real. La necesidad de transformar
las relaciones sociales, políticas y económicas en función de valores
esencialmente democráticos, como lo son la justicia y la igualdad,
constituye una de las principales razones por las cuales resulta
imperativo incorporar al feminismo en la gobernanza y en la conducción
de la gestión pública.

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