Las
ideas más recurrentes del Gobierno son: convicción, 30 años y se
cumplirá el programa. Las tres ideas, sin embargo, lo han llevado a un
escenario complejo, en que los conflictos, las confusiones y las
contradicciones marcan la gestión y en correspondencia le han quitado
apoyo progresivamente. De esta forma, la contingencia y la falta de plan
B lo han llevado a alejarse del programa, generar constantes malestares
entre las dos almas del Gobierno y dejar una sensación que las
convicciones no eran tan fuertes, por tanto negociables. Solo en las
últimas semanas las posturas frente al TPP11 y sobre el Estado de
Excepción en La Araucanía son una muestra de un Gobierno atrapado por
sus palabras y que está al borde de perder la confianza de sus propios
partidarios.
El
Estado de Excepción, para contener los actos violentos en La Araucanía,
nunca ha gozado de la aceptación ideológica de las fuerzas que integran
el Gobierno. Una parte, el Socialismo Democrático, la entiende como una
herramienta puntual, pero la otra, Apruebo Dignidad, la rechaza de
plano. De hecho, el presidente Boric en campaña y ya electo afirmaba que
el Estado de Excepción no era la “receta” que seguiría en La Araucanía
para enfrentar el conflicto y que privilegiaría el diálogo en la zona.
Por ello, decidió en un principio no renovar la medida, anunciar el
diálogo y presentar el plan Buen Vivir. Sin embargo, como ya sabemos,
ello no resultó y ya vamos en la octava renovación del Estado de
Excepción y en el futuro no se avizora nada distinto. Es más, las
últimas renovaciones se propician con una fundamentación más rigurosa
(la protección de la vida de las personas), siendo muy semejante a la
argumentación de Piñera. En este escenario, la ministra Tohá anuncia que
pronto viajará a La Araucanía y que el Presidente lo hará a fin de año,
generando un manto de dudas sobre las condiciones en que se realizarán.
Solo decir que se extraña cuando
los jóvenes mandatarios por convicción se atrevían a decir “usen la
inteligencia y no las armas”. Para la gestión de gobierno, basada en
convicciones y el apego a las promesas de campaña, debe acabarse la
sensación de que el Estado de Excepción es política permanente para la
zona en conflicto.
El
cambio de postura del Gobierno en relación al TPP11, posplebiscito,
anuncia una nueva incomodidad en las fuerzas oficialistas. El ministro
Marcel planteó la disposición de abrirse al debate, lo cual fue
ratificado por el presidente Boric, interpretándose como una señal de
que el Gobierno no se opondrá a la aprobación del tratado en el
Congreso. Las reacciones no se hicieron esperar y desde Apruebo Dignidad
se han declarado en contra de apoyar el tratado y le han solicitado al
presidente Boric que retire el proyecto de su trámite legislativo. Por
otro lado, el Socialismo Democrático, en la línea de apoyar al ministro
Marcel, se ha mostrado mayoritariamente receptivo a aprobar. La tesis
que impera es que el rechazo a la nueva Constitución obliga al
Presidente a hacer gestiones para aumentar los ingresos como una forma
de intentar cumplir en parte el programa de gobierno. De esta forma, el
TPP11 es visto como una herramienta a mano para dar ciertas garantías a
los inversionistas extranjeros. La necesidad tiene cara de hereje. Lo
que está claro es que el Ejecutivo tiene que tener una posición clara
frente a la discusión parlamentaria del día de hoy y el único
antecedente previo es la votación del presidente cuando era diputado. De
no manifestar postura, la división de las fuerzas podría debilitar aun
más la convivencia y gestión del Gobierno.
Una
certeza es que la posibilidad del Gobierno para implementar su programa
perdió más viabilidad con la derrota del 4 de septiembre y eso obliga a
proponer una nueva estrategia, en la que se deberán priorizar algunos
temas y postergar otros. El deber del Gobierno es hacerles entender a sus partidarios que empezamos de nuevo, con nuevas metas.