Se acerca el fin del año, con las tradicionales y simbólicas fiestas de Navidad y Año Nuevo. Un fin de año con ribetes especiales, que seguramente todos aquilataremos de modo diferente, de acuerdo a nuestros valores y convicciones particulares. Un fin de año para reflexionar, a la luz de los acontecimientos recientes en nuestro país. Ojala, que más allá de la libertad de conciencia y pensamiento de cada uno, no situemos las ideas solamente en la violencia, saqueos y demás, sino en cómo podemos construir un país más justo, equitativo, inclusivo y acogedor. Una casa o una patria para todos, ajena a la descalificación por pensar diferente. En la cual aportemos para construir y fortalecer la democracia. Un país en donde los deberes de respeto sobre los bienes públicos, que son de todos, sea una constante, que no precise recordatorio o aclaración alguna. También, por supuesto, respeto a lo ajeno y a la propiedad de otro (la legitimidad y los bienes bien habidos serán materia de otra columna). Término de año que nos enfrenta a una cifra de desempleo preocupante del 7,5 % (trimestre de agosto, septiembre y octubre) y que seguramente llegará al 10% el próximo trimestre. Muchos hogares chilenos tendrán una Navidad con nada o con muy poco, no solamente en lo material, también en dignidad. El desempleo, sobre todo en los hogares más humildes, suele ser como una bomba de racimo que trae una serie de calamidades. Mucho se ha escuchado hablar desde los cómodos sillones de la “Agenda Social”, mal llamada así, porque no es otra tarea que una “Agenda Política”, que debería tener una poderosa, ambiciosa y comprometida política de preocupación sincera por los derechos sociales. Las pensiones, la salud y la educación, por citar las demandas más prioritarias y urgentes. Tanto solazamiento y tan poco sentido de lo urgente, definición y efectividad en la implementación real. Pese a que la clase política reconoció su desconexión y declaró que estamos frente a un Chile que despertó, todavía la velocidad en las soluciones que verdaderamente están a la mano, no es la suficiente. Es violencia también la falta de empatía. Como por ejemplo, la espera prolongada en una lista del hospital, o la pensión del 30% versus la remuneración de la vida laboral activa. Según la evidencia actual en muchos países los sistemas de seguridad social, se han desprivatizado o han transitado hacia un sistema mixto en la administración de los fondos previsionales. Nuestro país persevera porfiadamente, o sigue aferrado al sistema, con la propaganda de la asociación de AFP y sus legionarios que evangelizan sobre las bondades de un sistema que al parecer ya fracasó. Mayoritariamente los países han optado por el sistema de reparto, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania. Recientemente Polonia puso término al sistema de AFP. La atractiva promesa del 80% de tasa de recambio que ofreció el Decreto Ley 3.500 (Noviembre 1980), nunca llegó. Las AFP, han sido un buen sistema para alimentar el mercado de capitales y a los bancos que acceden a dinero de bajo costo y que luego prestan a los mismos afiliados a un interés más alto. Paralelamente, en cuanto a su fin principal, ha sido un muy mal sistema para pagar pensiones. Nuestro hipotético sistema de Seguridad Social, hace mucho tiempo que vive una profunda crisis de legitimidad, funcionamiento y fin, a vista y paciencia de todos en especial de los Poderes Ejecutivo y Legislativo que han dejado pasar el tiempo. Total como se dice, la esperanza de los viejos y de los pobres es eterna. El doctor en economía, Andrés Solimano, en su libro “Pensiones a la Chilena”, entrega antecedentes interesantes al respecto, “se dice que según Acta de la Sesión Secreta de la Junta Militar de octubre de 1880, se ponía en duda la efectividad del sistema de AFP, razón por la cual no se incluyó en el a las Fuerzas Armadas”. Al parecer por los antecedentes, el Legislativo de la época no estaba tan convencido del experimento, pero al fin igual se implantó. La jubilación viene de Jubileo, que significa celebración alegría, precisamente del latín “iubilare” (gritar de alegría). Las pensiones es un tema urgente, más aún cuando sumado a este tenemos en atención y cobertura de salud, serias de disfunciones (precios usureros en los medicamentos, etc.). En época de Adviento y reflexión de los acontecimientos, ojalá se comiencen a impregnar las políticas públicas y las decisiones de un mayor grado de empatía y sentido de urgencia. Seguramente muchos pensionados se preguntarán, ¿Cuántos fines de años más me quedan?