Guardadores de nuestros sueños y la conciencia de la ciudad

Chile vive una crisis de seguridad sin precedentes. En menos de un mes, llevamos tres carabineros asesinados, cifra que se duplica si consideramos el último año.

Detrás
de cada carabinero, hay una familia que espera nerviosa su regreso a
casa. El cabo Daniel Palma, mártir 1.233 de la institución, ya no
regresará, producto de dos impactos de bala en su cabeza recibidos al
realizar un control vehicular tras una denuncia por disparos en la vía
pública. Deja atrás a su hijo de 4 años y a su mujer embarazada, la
también carabinera Darline Vergara Troncoso.

Esta
crisis histórica no puede dejarnos indiferentes. Como en muchas
ocasiones, necesitamos medidas de corto y largo plazo, para que nunca
más se repitan estas situaciones. En lo inmediato, nuestro Congreso -a
pesar del Gobierno- reaccionó aprobando la ley denominada “Nain-Retamal”
(en honor a otros mártires de Carabineros), para endurecer penas y
establecer una legítima defensa privilegiada para nuestras policías.
Manteniendo su tendencia a los dobles discursos, el mismo día de su
aprobación, parte del Gobierno (específicamente, el Partido Comunista),
anunció que cuestionaría la ley ante el Tribunal Constitucional.

Para
el largo plazo, un buen punto de partida debiese ser la nueva
constitución. En ella, se debiese incluir como deber especial del Estado
resguardar el orden público y crear las condiciones que permitan vivir
en un entorno seguro, donde podamos vivir y trabajar en paz. Ello
debiese estar acompañado de un capítulo especial sobre Seguridad,
Fuerzas Armadas y de Orden. Dicho capítulo debería regular, entre otras
materias, las características principales de las fuerzas armadas (i.e.
no deliberantes, profesionales, jerarquizadas y disciplinadas),
principios básicos relativos al control de fronteras y migración, los
estados de excepción constitucional y una declaración general, de
acuerdo con la cual el terrorismo y el narcotráfico sean, por esencia,
actividades contrarias a los derechos humanos.

Esto
tiene sentido porque el control del orden público y garantizar la
seguridad ciudadana son las funciones más elementales del Estado. Ese
Estado que hoy, representado por el Gobierno, nos está fallando, por el
aumento del crimen organizado, asesinatos a carabineros y delitos
violentos al alza, causando daño, conmoción y dolor en todo Chile.

No
queremos más viudas y familias como la de Daniel Palma, que se vean
enfrentadas a la terrible noticia de la muerte de sus seres queridos en
el cumplimiento del deber. Tenemos que cuidar a Carabineros de Chile y
darles las gracias, todos los días, por su abnegada labor y sacrificio.
Como decía Gabriela Mistral, hace ya muchos años, al referirse a
Carabineros: “gracias a los que velan desvelándose. Ustedes son sin
saberlo, los guardadores de nuestros sueños y la conciencia de la
ciudad”.

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