Desde
hace unos años a la fecha en el ámbito educacional han ocurrido una
serie de cambios. Uno de los más notorios ha sido respecto al tipo de
enseñanza. En el pasado la formación estaba centrada principalmente en
lo cognitivo. Es decir, lo fundamental era la de adquisición de
conocimientos. Desde el siglo pasado a este tipo de educación se le
agregaron aquellas destrezas que requieren las personas para
enfrentarse exitosamente a las exigencias y desafíos de la vida diaria.
Muchas de las cuales se han ido puntualizando en estos comentarios.
Se
sabe que existen comportamientos que ayudan a vivir mejor tanto a la
persona misma como a su entorno, como: mantener una actitud positiva
frente a la vida, el ser perseverante, comunicarse de una forma
efectiva, construir un proyecto de vida, preocuparse del crecimiento y
desarrollo personal, etc.
El
1993 la Organización Mundial de la Salud (OMS) impulso la llamada
Educación en Habilidades para la Vida. Consecutivamente la División de
Salud Mental comenzó a difundir materiales informativos y educativos
diseñados para apoyar y promover internacionalmente la educación de este
tipo de habilidades en las escuelas y colegios.
Las
habilidades para la vida que considera la OMS se pueden dividir en
tres categorías: habilidades emocionales, habilidades sociales y
habilidades cognitivas.
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Las habilidades emocionales: son actitudes necesarias para reconocer y
controlar las emociones con el fin de establecer y mantener relaciones
positivas; tomar decisiones responsables y resolver situaciones
difíciles y ser capaz de establecer y lograr objetivos efectivos. Si
bien es cierto algunos autores consideran que estas características
están asociadas a rasgos de personalidad, actualmente se consideran que
son habilidades que se pueden desarrollar a través de la crianza, la
educación formal y los patrones culturales.
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Las habilidades sociales pueden definirse como: el arte de relacionarse
de manera positiva con el mundo y las personas del entorno. Algunos
autores las dividen en básicas y avanzadas. Dentro de las básicas está
el poder comenzar una conversación y mantenerla. Dentro de las avanzadas
están la habilidad de pedir ayuda, de compartir una opinión, de saber
disculparse, saber gestionar conflictos, etc.
–
Las habilidades cognitivas: son un conjunto de aptitudes o facultades
mentales que permite procesar todo aquello que rodea a las personas y
poder otorgar una respuesta adecuada al entorno. De mismo modo que la
anterior,
algunos autores la clasifican en básicas y superiores. Las básicas son:
aquellas que trabajan directamente con la información recogida por los
sentidos. Es decir, son los primeros en procesar la información que
proviene del exterior, como la atención, concentración, memoria, etc.
Por otra parte, dentro de las habilidades cognitivas superiores están
los diferentes tipos de pensamientos, caracterizados por el uso de
símbolos para representar sucesos, objetos o ideas. Lo cual permite,
entre otros aspectos, la planificación, comprensión, la toma de
decisiones, etc.
En Chile la Junaeb (Junta de Auxilio Escolar y Becas) ha sido la encargada de desarrollar las habilidades para la vida en las comunidades escolares.