“Habitar la Incertidumbre”

Antes
de la pandemia ya sabíamos que el mundo en que estamos viviendo tiene
cada vez menos certezas, pero tras la irrupción del Covid-19 nos dimos
cuenta que las incertidumbres podían ser mucho más reales y palpables de
lo que pensábamos. Hoy, cuando como especie estamos de rodillas ante un
organismo invisible que ni siquiera puede considerarse un ser vivo, nos
damos cuenta de la fragilidad de nuestro mundo, de nuestra propia
vulnerabilidad y eso, sin duda, nos atemoriza y nos hace replantearnos
muchas cosas.

El
peor error que podemos cometer es pensar que esto va a pasar y que todo
volverá a ser como antes, porque no será así. La incertidumbre nos va a
acompañar durante mucho tiempo y yo espero que, a partir de ahora,
tengamos la sabiduría de enfrentar nuestra existencia con más humildad y
en mayor armonía con nuestro medioambiente, que por fin entendamos que
no somos dueños del planeta, sino que una más de las especies que lo
cohabitan.

Justamente
porque desde el 2020 hasta ahora ha sido un tiempo de crisis y falta de
certezas sobre lo que viene es que el Congreso del Futuro de este año
denominado “Habitar la Incertidumbre” ha sido, quizás, la versión más
necesaria desde su inicio. Todos anhelamos que se encienda una luz en la
penumbra, entender la complejidad de los cambios y, sobre todo, tener
esperanza. Fue un Congreso distinto, pues fue exclusivamente realizado
de manera telemática lo que, si bien no mermó en lo interesante de las
charlas, sí le restó el contacto humano que tanto echamos de menos.

Respondiendo
al título inspirador de esta versión, el primer segmento del Congreso
del Futuro se dedicó a la “Incertidumbre” como tema, el cual fue
inaugurado con la charla magistral de David Quammen, prolífico autor
quien sostiene que, para evitar futuros desastres, debemos cambiar de
manera radical nuestros patrones de consumo. El segundo segmento se
denominó “Proyecciones” y partió con la charla de Joseph Stiglitz,
premio Nobel de Economía, quien señaló que la actual crisis provocada
por la pandemia ha dejado en evidencia las grietas del neoliberalismo y
cómo los grupos socioeconómicos más bajos han sufrido las peores
consecuencias.

La
jornada final de esta versión fue dedicada a “Re-Acciona por el Clima”,
un proyecto impulsado por la Unión Europea, el Ministerio del Medio
Ambiente de Chile y el Festival Internacional de Innovación Social. Esta
iniciativa comenzó en octubre del año pasado, en el contexto de la
agenda ciudadana de la COP25, logrando involucrar a más de 25 mil
personas a lo largo de todo el país.

En
Magallanes se realizaron dos paneles, el primero “Desafíos Antárticos y
Biodiversidad”, que vuelve a remarcar la necesidad que tenemos de mirar
con mayor atención el continente blanco, sobre todo pensando en la
proyección de nuestra región durante este siglo y, el segundo, dedicado a
“El Futuro del Hidrógeno Verde”, donde también existen muchas
oportunidades.

Como
todos, espero que la próxima versión del Congreso del Futuro sea de
manera presencial, con los ponentes y el público en contacto estrecho,
pues será señal que, para ese entonces, ya habremos dejado atrás la
pesadilla del Covid-19 que tanto dolor nos ha causado. Así como en esta
oportunidad la invitación fue a pensar en torno a “Habitar la
Incertidumbre”, confiemos que el próximo año podamos sacar ventaja de
las lecciones que como especie, espero, habremos aprendido.

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