Hacia una Nueva Constitución

Hablar y caminar hacia una nueva Constitución, es una tarea que requiere mucho diálogo, generosidad, búsqueda de consenso sobre temas sustantivamente mayores, que representen los diversos sectores, ideas, culturas y territorios de nuestro país, diálogo fecundo y no monólogos, conversaciones y chequeo de ideas, evitando la actitud de no escuchar esperar solamente que el interlocutor termine de hablar para imponer mis ideas o creencias.
Felizmente las virtudes, talentos, inspiración, empatía e inteligencia están repartidas en todas partes, no siendo patrimonio o monopolio de un sector determinado. Como se dice, “la verdad está en otra parte” (Platón), comprendiendo que en política no existen verdades absolutas.
Las últimas cuatro semanas hemos visto como la violencia, la oscuridad de la noche, lo más bajo del alma humana, manifestada en saqueos, destrucción, heridas, muerte, violencia estatal desmedida y también violencia en las palabras de personas que adoran el fetiche del autoritarismo conculcador de derechos. Personas de reconocida adoración por la larga noche de la dictadura, que pregonan mensajes y miradas apocalípticas relevando la supremacía del orden a cualquier precio e inmoralidad, por sobre la dignidad humana. La mayor parte de los chilenos no queremos la violencia, de ningún tipo, origen, naturaleza y justificación. La violencia solo engendra violencia, que nadie se equivoque en la interpretación de estas palabras. Los delincuentes y lumpen deben ser juzgados.
Una nueva Constitución, abre la puerta esperanzadora a un “Nuevo Pacto o Contrato Social”. Entendiendo de forma seria y responsable que una nueva Carta Magna para nuestro país, no es la solución mágica para todos nuestros problemas, pero sí sienta las bases para una sociedad más justa, equitativa y democrática.
Nuestros dilemas a discutir serán varios. Si en la forma optaremos por una Constitución breve o sumaria, o más bien una Carta Constitucional normativa, que refleje la exacta realidad de nuestro país, en la cual todos los derechos se garanticen y respeten (Estados Unidos de Norteamérica, Alemania, etc.). En torno al Poder Ejecutivo, ¿presidencialismo o semipresidencialismo?
Normalmente las Constituciones surgen en épocas  difíciles, de quiebres y conflictos, teniendo su origen a través de referéndum, asambleas o convenciones.
En los medios de comunicación y redes sociales, se escuchan las cosas más increíbles de pretender o manifestar en una Constitución, llegando incluso a veces a confundirse con una especie de proclama de programa de gobierno.
Las Constituciones son más sobrias que eso. Tienen un Preámbulo (en el cual el poder constituyente, explica las razones o motivaciones de una nueva Constitución); una parte Dogmática (Valores, principios básicos, derechos y garantías constitucionales); parte Orgánica (Forma del Estado y sus respectivos órganos, sus relaciones, sus competencias, etc.), procedimientos de Reforma (Órganos y quórum para modificar la Constitución); y por último, si se requieren, Disposiciones Transitorias (paso o tránsito de las normas anteriores a la nueva Constitución).
En nuestra historia institucional hemos tenido tres Reglamentos Constitucionales en la Patria Vieja (1810 – 1814). Dos Constituciones en la Patria Nueva (1817 – 1823). Tres en nuestro Período de Ensayos Constitucionales (1923 – 1832), incluido nuestro experimento Federal de 1826 y nuestra Constitución  Liberal de 1928.  Finalmente tres Constituciones en nuestro Periodo Republicano (desde 1833 hasta ahora).
La Constitución de 1980 cuya instauración fue espuria, debido a que no habían registros electorales, difusión, debate ciudadano y menos un plebiscito transparente, libre e informado, eran otros tiempos. Esta Constitución, que si bien es cierto está técnicamente bien hecha, ha sido modificada en 18 oportunidades, siendo el fondo de su texto todavía ampliamente discutido y polémicamente criticado.
Caminar hacia una nueva Constitución es delicadamente necesario, por lo cual el acuerdo logrado en Sede Parlamentaria debe ser valorado y perfeccionado. Las  críticas  de fácil protagonismo, deben transformarse en propuestas inclusivas de participación ciudadana.
Esta crisis se resuelve con más y mejor democracia. Y en forma paralela la llamada “Agenda Social”, que no es otra cosa que una Agenda de Responsabilidad Política y Democrática.   
¡Por favor, no se reste! ¡Participe!

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