Haciendo ciencia de frontera en Magallanes

La
ciencia de frontera, los límites del conocimiento en la Región de
Magallanes. Expresión de genes contándonos la historia y el presente de
nuestras especies emblemáticas y sus cambios, sus adaptaciones al clima,
y sus posibles extinciones precisamente por el cambio climático. De eso
se trata el proyecto de Microbioma de Fundación Cequa, de entender los
bichitos más pequeños e invisibles al ojo humano, específicamente
aquellos en la piel de nuestras especies y que son los que primero
reciben los cambios del clima. Todo a partir de muestras de piel de
organismos tan pequeños como centollas hasta gigantes como las ballenas.

Entender
estos bichos (el microbioma) nos permitirá avanzar en el entendimiento
del cambio climático desde una perspectiva genética, pero también esta
misma perspectiva nos permitirá entender la relación del microbioma con
sus especies hospederos como la centolla, los pingüinos y las ballenas.
Herramientas genéticas nos permiten lograr resultados cuyas preguntas
antes no podrían haber sido contestadas y además nos acercan a otras
preguntas que ni s
iquiera
nos habíamos atrevido a realizar porque pensábamos que no era posible
hacerlas. En este caso la ciencia de frontera tiene dos dimensiones, en
términos intelectuales por las preguntas realizadas y en términos de
recursos por los instrumentos y tecnologías avanzadas necesarias.

Además,
esta nueva aproximación a entender el cambio climático nos lleva por un
camino alternativo y más biológico. En la región siempre había habido
referencias a la ciencia de cambio climático desde la perspectiva de los
glaciares y los hielos, un sensor muy importante. Bueno, en esta
oportunidad la perspectiva biológica y más aun genética nos provee de
información de lo que está pasando ahora con recursos biológicos y tan
actuales como las centollas. Las conexiones y relaciones con las
proyecciones sobre el clima futuro nos permitirán posiblemente predecir
cambios del microbioma en la piel de otras especies en la región y
entender cómo sus hospederos atienden los cambios de temperatura y otros
factores asociados al cambio climático en su entorno.

La
ciencia de frontera aquí nos lleva a aquellos lugares que no podemos
ver a simple vista, y nos hace preguntarnos sobre qué hay más allá. Se
necesitan recursos, instrumental y tecnología de punta. Se necesita
gente de ciencia preparada, heterogénea y dispuesta a colaborar en
entornos cercanos y alejados, como ocurre en el proyecto de microbioma
con científicos nacionales e internacionales. Lo que más me llama la
atención de este conjunto de factores extraordinarios, es que esta
ciencia nace de un “nodo” regional de Fundación Cequa para contestar
preguntas universales en un escenario local. Aquí, la trascendencia del
conocimiento que se generará tendrá un impacto social que la ciencia de
frontera está poco acostumbrada a combinar.

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