Dentro de un mes nuevamente comenzaremos
a escuchar los bocinazos, a ser pacientes en algunos tacos y a soportar
un caos vial en ciertos horarios en las calles de Punta Arenas. El
fenómeno se incrementará con el ingreso a clases de los universitarios y
estudiantes de la enseñanza técnico-profesional, y además de nuestros
escolares que tras dos años irregulares volverán en marzo a las clases
presenciales. Una de las razones que explican
esto es el incremento en el parque vehicular, el cual en 15 años creció
de 37.546 a 70.532 en la Región de Magallanes, según el Informe Anual
de Medio Ambiente del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). A nivel
país la cifra asciende a los 5.968.980 vehículos. En los próximos cinco
años Chile podría superar la barrera de los siete millones de vehículos.
Si analizamos la información,
nos danos cuenta de que en nuestra región hay un auto por cada 2,5
personas. Es alta la cifra, la proporción debe ser una de las mayores a
nivel nacional, y ello radica en la necesidad del automóvil en la zona más austral del país y que es refrendado en la masiva molestia ciudadana por las continuas alzas en el precio de las bencinas. Una proyección de los últimos 10 años en el país apunta a que la tasa de motorización es de 83,7%,
y Santiago está bajo el promedio, con 67,5%. En las regiones se produce
una mayor densidad. Por estos días muchos estamos pensando ya en la renovación de los permisos de circulación, cuyo costo en Magallanes es bastante menor que en el resto del país,
y eso se agradece. Por esto mismo nos preguntamos, ¿por qué tenemos que
seguir pagando los precios más altos de los combustibles? ¿Por qué
definitivamente no se elimina en esta región el impuesto específico a
los combustibles? Ahí se nos viene a la cabeza la mentada frase de que
el auto acá no es un lujo, tal como la calefacción es una necesidad.
Ojalá el Presidente electo, el magallánico Gabriel Boric, se acuerde de su región y nos entregue algún beneficio que de verdad nos ayude a mejorar la calidad de vida.