¿Hay posibilidades de un Chile renovado?

Ya hemos planteado que en nuestra resquebrajada realidad social y siguiendo las palabras el Gran Maestro Sebastián Jans Pérez, “Hay una profunda exigencia social que quiere redibujar Chile con una pluma nueva, que otorgue nuevos colores a la comprensión de un país que tiene que ser más inclusivo y más justo”. Después de casi 3 meses de iniciadas las demandas y los hechos violentos que nos ahogan y nos generan profundas incertidumbres, el complejo escenario social resultante resulta aún difícil de reconocer, de aceptar e incluso de explicar, máxime cuando surge justamente, a partir de un gran reproche ético que parte de la sociedad ha hecho y continúa haciendo, a las élites.

Es muy difícil aceptar que la aparentemente simple cuestión ética venga a ser tan significativa como para promover un enfrentamiento casi extremo entre posiciones que parecen no poder contribuir eficazmente a la construcción de un sistema en armonía y en consenso. La discrepancia instalada parece no poder disiparse a menos que, en una solución de conjunto y de manera dialogante, democrática y republicana, resurja el componente ético esencial que contribuya a la generación de un sistema societario que excluya la explotación del hombre por el hombre, los privilegios y la intolerancia. Desde una perspectiva ética, esto requiere no sólo velar por intereses propios sino que, sobretodo y en conjunto, defender activamente el de los demás.

Esta puede ser la esencia del nuevo Pacto Social que se trabaja, casi utópicamente, en muchos y diversos niveles de acción republicana y que podría resultar en un proceso Constituyente que incluya un Trato Social renovado, propio de un país maduro y con expectativas de futuro. Desde ya, debe haber un convencimiento de que Chile puede superar sus nuevas y también sus viejas contradicciones y así, permitirnos soñar con una sociedad fraterna, libertaria e igualitaria.

Las crisis sociales por las que ha atravesado el país en los siglos XIX, XX y XXI no pueden ser sino atrevidos ejemplos de que es posible pensar y construir efectivamente, una sociedad que no acepta limitaciones ni rigidices, ni menos aún, fundamentalismos de cualquier especie que ellos sean. Esta es una condición sine qua non para avanzar hacia una sociedad nueva, articulada en torno al bien común y reafirmando el principio de libertad basado en igualdad de oportunidades y de participación en el ejercicio del poder.

Existen fundadas esperanzas que, desde una perspectiva ética y moral, el ser humano es capaz de vivir en armonía, y por consecuencia, debe ser capaz de construir armonía en el medio social. Para sentar las bases de un Chile renovado, sostenemos que es “imperativo implementar las condiciones cívicas necesarias para asumir un diálogo efectivo y creíble que permita mostrar una hoja de ruta sobre bases éticas en el ejercicio del poder y que neutralice la intensidad de los intereses de pequeños grupos que utilizan su posición privilegiada para imponer argumentos sociales y jurídicos en detrimento de las justas aspiraciones ciudadanas”. Claramente, ello requiere de un mínimo sustrato de sensibilidad social que debemos aportar todos para contribuir a superar las demandas que nos impone una realidad fabricada por nosotros mismos.

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