La propuesta entregada en esta columna la semana pasada y entregada personalmente en Porvenir, en sesión de Consejo Regional, respecto de que los fueguinos y navarinenses pidan, luchen y exijan ser una región, pareciera ser que ha sido una de aquellas donde la cáscara salta lejos. He tenido opiniones encontradas al respecto, tanto por redes sociales, como en forma personal.
Las más importantes para mí son las recibidas desde quienes viven y sufren en esas tierras, desde donde, la verdad sea dicha, no he recibido opiniones en contrario a la idea. Sí las he tenido de personas que viven en la capital regional, cosa que demuestra el espíritu centralista que nos rodea. Somos buenos para criticar el centralismo desde el poder central radicado en Santiago o Valparaíso, gobierno y parlamento, hacia las regiones, pero nos cuesta reconocer que hacemos exactamente lo mismo con las provincias y/o comunas alejadas del poder regional. El más repetido argumento en contra que he escuchado, es que la gente de esas islas es muy escasa y que no serían idóneos para manejar recursos y para tomar decisiones trascendentales, en otras palabras… que no existiría el tan cacareado “capital humano”; asunto del que estoy totalmente en desacuerdo, ya que tanto en el sector ciudadano, de la ciudad, como en el ganadero agrícola, existen personas capaces de asumir responsabilidades de acuerdo al tema, priorizar proyectos, adjudicar recursos, decidir sobre áreas de reservas, de producción, de turismo, de pesca, de acuicultura… son cosas que perfectamente pueden hacer quienes están ahí y que mejor conocen su tierra. Por último, si faltaran profesionales expertos en algún tema en particular, la misma necesidad haría que lleguen o se traigan.
Lo que propongo no es algo para mañana ni pasado, será algo lento que tiene que madurar y que más temprano que tarde será realidad por la fuerza de los hechos y la voluntad de los isleños. Mirando a futuro, pensando en el futuro es como los pueblos progresan, y no quedándose en la comodidad del hoy, del statu quo, del dejar que pasen los días y los años sin hacer tortillas. Se me viene a la mente O’Higgins, cuando en su lecho de muerte dijo “Magallanes… Magallanes” (aunque algunos dicen que eso es un mito) o cuando el presidente Manuel Bulnes Prieto encomendó al Intendente de Chiloé, comisario contador de la marina Domingo Espiñeira Riesco a tomar posesión del estrecho de Magallanes, o cuando éste instruyó al marino inglés nacionalizado chileno John Williams Wilson, capitán de puerto de San Carlos de Ancud a ejecutar la misión… cuántos comentarios pesimistas habrán recibido en aquellos momentos, como para qué ir hasta esos recónditos lugares, habrán existido críticas al monto a invertir en la hazaña, comentarios sobre la falta de capital humano… no habrán faltado los “embarra la fiesta” de siempre, pero la misión se efectuó y fue un exitazo. La región se ha desarrollado; lamentable lo sucedido con sus habitantes originales, verdaderos dueños de estas tierras, pero esto no queda aquí, hay que seguir avanzando y la pelota está en terreno de los isleños.