Se entiende por Lobby aquellas gestiones o reuniones pagadas que hacen personas u organizaciones para promover o facilitar los intereses de particulares para influir en las decisiones de autoridades o funcionarios. Por tanto, y para facilitar la conclusión sobre las cenas cuestionadas, sólo debemos verificar la existencia de tres componentes: (1) Debe haber un lobbista que reciba remuneraciones, en este caso Pablo Zalaquett, el organizador de las cenas y anfitrión, tiene una empresa de lobby desde 2017, político reconocido y además involucrado en el caso Penta. (2) Debe haber particulares con intereses en proyectos o políticas públicas, en este caso, y pese a la amnesia colectiva, se ha verificado la presencia de empresarios relacionados al mundo de las salmoneras, pesca o AFP, que por lo demás en una correcta ley de lobby también deberían considerarse lobbistas ya que representan intereses que tendrán como resultado ganancias para ellos y sus accionistas. Por último, (3) deben están presentes autoridades que tomen decisiones sobre proyectos o políticas públicas, en este caso al menos 6 ministros y varios senadores y diputados, en medio de la discusión de leyes de pensiones, sistema de evaluación ambiental o pesca y acuicultura. O sea, ministros reunidos con sus contrapartes a través y facilitado por un tercero que recibe pago por esta función. Como dijo hace un tiempo atrás una reconocida humorista “vo creís que soy w….”.
La ley de Lobby en Chile en realidad no regula el lobby (estamos muy lejos de eso), sólo se encarga de transparentar las conversaciones o reuniones de las autoridades que involucren temas que podrían derivar en tráfico de influencias, o un trato preferencial para una parte de los interesados en una problemática particular. La ley no impide el diálogo o los contenidos a tratar en las reuniones, por tanto, sólo implica en gesto de buenas prácticas, trato justo y confianza en las decisiones que tomen las autoridades y mandatarios. El objetivo siempre fue fortalecer la transparencia y la probidad; por lo tanto, lo sucedido con las cenas de Zalaquett y los participantes no puede ser tratado como un simple error, como inicialmente calificó el presidente la presencia de ministros en las reuniones, se trata de una traición de las confianzas, una falta de trato justo y la posibilidad de tráfico de influencia, que afecta al resto de los interesados en las temáticas tratadas. El mundo ambientalista, los trabajadores, los pueblos originarios, el feminismo, la sociedad civil en general tiene el legítimo derecho a sentirse vulneradas y traicionadas, especialmente porque varios temas reivindicativos pudieron cocinarse en las cenas de Zalaquett. De Cordillera a Mar hay motivos para exigir explicaciones a la forma que se está desarrollando el diálogo. No se trata de dialogar hasta que duela, se trata de transparentar hasta duela.
Reconocida la omisión por parte de las autoridades, ministros y parlamentarios (oficialistas y de oposición), es pertinente preguntarse ¿qué pasa con las sanciones? O se pretende que la falta de transparencia y la traición a las confianzas debe pasar sin sanción, sin al menos una amonestación. De ser así, creo que aún no se pondera el daño ocasionado en la sociedad civil y los diversos movimientos sociales, y sin ir más lejos a los fundamentos ideológicos que han servido de plataforma al gobierno. La ley dice que la infracción de la ley del lobby hará incurrir en responsabilidad y traerá consigo las sanciones administrativas. Se contemplan sanciones tanto para quienes reciben el lobby como para las personas o entidades que lo ejercen. De esto aún nadie dice nada.
Para quienes quieren sacar provecho político, hay que aclarar que aquí hay involucrados de todo el espectro, de izquierda y derecha; sin embargo, se extraña la defensa de quienes si salen perjudicados, que son todas aquellas personas indefensas frente a los diversos poderes, especialmente del dinero. La obligación de transparentar las reuniones es de las dos partes, autoridades o mandatarios y también de los empresarios o los particulares interesados. Llegó el momento de dejar las justificaciones, como “fue en mi tiempo libre”, “no sabía que eran lobbistas”, “no recuerdo quienes estaban presentes”, y avanzar hacia una verdadera ley de Lobby que regule la actividad y sus actores. El problema no es el diálogo, el problema es cuando se hace de noche, a escondidas, y cuando se favorece a una sola parte de los interesados.