Desde
hace años veíamos al Hidrógeno verde como la solución energética del
futuro, una generación limpia y de bajo impacto, la clave en la
descarbonización de la matriz energética y una vía más para combatir el
cambio climático. Sin embargo, hoy, con la inminente implementación de
esta tan anhelada tecnología, nos encontramos frente al mismo dilema del
Proyecto HidroAysén. Se buscan mega proyectos para abastecer la
creciente demanda energética, pues somos una sociedad energo intensiva.
Sin importar qué tipo de energía ocupemos, se recurren a proyectos de
gran envergadura. Así, en el proyecto de Hidrógeno Verde, como con
Hidroaysén, el problema sigue siendo la escala.
Debido
a que muchos proyectos de gran escala, son construidos en etapas, y se
evalúan ambientalmente de esa forma, no permiten determinar el impacto
en su totalidad. El plan piloto del Megaproyecto HIF & Enel Green
Power, presentado ante la autoridad ambiental, corresponde a un área de
40 hectáreas con una planta desalinizadora ubicada en el terreno de
Enap. Visto de esta forma, parece ser una intervención limitada y de
bajo impacto. Sin embargo, abre la puerta a que 2.900 aerogeneradores
sean instalados para 2027, ocupando un área de al menos 200 mil
hectáreas. Estaremos sacrificando Magallanes, causando un cambio
dramático y permanente de los paisajes y su cultura patagónica.
Las
rutas migratorias de diversas especies de aves nativas como el
amenazado Canquén colorado, coincide con el área donde se instalará este
megaproyecto. Diversas investigaciones indican que las aves orientan
sus rutas de vuelos según hitos geográficos. ¿Qué pasará cuándo
cambiemos la fisonomía de este territorio?
Se
discuten avances tecnológicos que reducirían el impacto sobre el
ecosistema y una serie de medidas de mitigación, pero en ninguna
instancia se ha hablado de acotar el proyecto.
Una
tecnología tan esperada como es el hidrógeno verde nos pone nuevamente
frente a la encrucijada sobre nuestro modelo de desarrollo.