Queda
un mes para las elecciones presidenciales, para algunos, las más
importantes desde el año 1970, cuando la Unidad Popular, coalición de
comunistas, socialistas y otras fuerzas de izquierda lograron el poder,
venciendo a Jorge Alessandri Rodríguez por estrecho margen. Para que
para que pudiera asumir la presidencia de la República el socialista
Salvador Allende, la Democracia Cristiana que con Radomiro Tomic salió
tercera en esa elección, pactó una reforma constitucional para que la
izquierda marxista se comprometiera a respetar ciertos derechos y
garantías fundamentales al asumir el poder, como la libertad de
expresión, la igualdad ante la ley, la libertad de prensa, la libertad
de reunión y otros tantas garantías, pues existía fundado temor que la
izquierda las desconociera al llegar al gobierno. A este acuerdo se le
denominó Estatuto de Garantías Democráticas,
también conocido como Estatuto de Garantías Constitucionales. De alguna
manera el escenario actual se asemeja al de aquel entonces, porque
existe una fuerza marxista que está más cercana a lograr el triunfo en
la carrera presidencial, aunque lo veremos, la vida tiene giros
inesperados u ocultos a simple vista. La izquierda que representa y
aglutina Gabriel Boric desde el año 1990 a la fecha, nunca ha alcanzado
siquiera el 30% de la votación ciudadana, haciéndose más fuerte a partir
de la elección presidencial del 2009, obteniendo los siguientes
resultados: a) el 2009 obtuvo un 20,14% con Marcos Enríquez-Ominami como
candidato b) el 2013 obtuvo el 17,37% si sumamos candidaturas de ese
espectro, que fueron Marcos Enríquez-Ominami, Marcel Claude, Alfredo
Sfeir y Roxana Miranda; c) el año 2017 obtuvo el 26,85% al sumar las
candidaturas de Marcos Enríquez-Ominami, Beatriz Sánchez (ella sola
obtuvo un 20,27%, casi idéntico a lo que sumó MEO el año 2009), Artés y
Navarro. Y si pensamos en todas las encuestas de los últimos días, la
tendencia de Boric no supera el 30% e incluso está más cerca del 20%,
que es el rango en que históricamente la izquierda radical y marxista ha
obtenido en Chile. Le ha costado a este candidato ir más allá de la
frontera de sus votantes históricos. A mi parecer, al mundo de la centro
izquierda le cuesta confiar en Boric y Jadue, como una dupla para
gobernar, lo que hace que comiencen a preferir a Provoste, lo que
explicaría el aumento
en intención de votos de esta candidata, lo que sin embargo, no le
alcanzará para pasar a segunda vuelta, pues no contrasta con firmeza y
convicción sus diferencias con el candidato del Partido Comunista. Es
altamente probable que llegue en el tercer lugar, como Radomiro Tomic en
el año 1970 y la Democracia Cristiana hoy como ayer, tendrá que decidir
si da o no sus votos a Boric para elegirle presidente. Podríamos
incluso llegar a asistir como en esos años, a un nuevo Estatuto de
Garantías, con otro nombre, otros rostros, otras formas, pero en
esencia, el mismo temor y el mismo destino. De pasar a amenazar con no
sacarse fotos con los candidatos de la coalición, hasta llegar a que
nadie quiera sacarse fotos con Sichel, este candidato tiene un escenario
complejo, pues entre otras cosas, nunca entendió que el verdadero
contendor era y es Boric y no Kast, lo que hizo crecer la desconfianza
en su candidatura. Mientras a paso firme avanza José Antonio Kast, a
quien Boric tan infantilmente trata sólo de José, lo que demuestra el
talante y desarrollo personal del candidato marxista. ¿Qué le hace
avanzar? Es el único que tiene un proyecto de país claro, nítido y que
no lo cambia al ritmo de las encuestas.