Con el amplio triunfo del Apruebo de ayer, hoy se inicia un nuevo ciclo de la historia de Chile. A esto se llegó debido al fracaso de la clase política, con autoridades que se desconectaron completamente de la ciudadanía, privilegiando intereses personales por sobre los de la amplia mayoría de los chilenos. Con políticos que aún anhelan eternizarse en el poder y que hasta hace pocos meses se lamentaban por el límite a la reelección, por ejemplo, o por la mantención de las inhabilidades para postularse a ciertos cargos. Son ellos los que terminaron enfadando a la ciudadanía, porque son esos mismos políticos los que por 30 años no hicieron nada. Por eso ayer se volcaron a las urnas jóvenes de una nueva generación. Especialmente aquellos que están entre los 18 y 21 años y que no tienen militancia política, precisamente porque no le creen a aquellos que por ejemplo no hicieron nada por sus abuelos, los adultos mayores que hoy jubilan con míseras pensiones. Este es el punto cúlmine del llamado de atención que se inició hace un año, pero que el lumpen y la delincuencia lo desbordaron. Tras el 18 de octubre de 2019 el Gobierno ni siquiera supo aglutinar al ciudadano de su propio sector. Y no supo porque careció de liderazgos. Más aún lo de ayer es el fracaso de las políticas implementadas por Cristián Larroulet, quien siempre quiso esconder las debilidades de un errático Sebastián Piñera. El mismo Larroulet fue el que hace una década incentivó el voto voluntario, creyendo que los jóvenes jamás irían a votar y ayer ellos precisamente fueron los que le dieron una lección al hombre de absoluta confianza del Mandatario. Ojalá que este nuevo ciclo en la historia de Chile no se lo apropien los mismos políticos de siempre y de una vez por todas se den cuenta que el país no los quiere en este nuevo proceso que ya se inició.