Las
personas cercanas a mí, a veces dicen que soy demasiado optimista.
Puede ser que tengan razón. Hace poco, fui diagnosticado con apnea del
sueño “severa” (la noche del examen, tuve hasta 60 apneas por hora). El
tratamiento consiste en dormir, todas las noches, conectado a una
especie de respirador artificial. Cuando les conté a mis hijos, uno de
ellos se puso a llorar, pues le dio pena que tuviese que dormir así por
el resto de mi vida. Frente a ello, le respondí que esta máquina me
ayudaría a descansar mejor, beneficiando mi salud y calidad de vida.
También le mencioné que con esto su mamá se iba a dejar de despertar con
mis ronquidos por las noches y le hice ver que la máquina igual era más
o menos cool, pues me hacía parecerme a Darth Vader.
Ese optimismo me lleva a pensar que, sea cual sea el resultado de la elección de hoy, será una victoria para Chile.
Si
gana la opción A Favor, tendremos una nueva constitución, a mi juicio,
mejor que la actual. Una constitución escrita y aprobada en democracia,
redactada por órganos paritarios, con representación y reconocimiento a
pueblos originarios, construida sobre 12 bases de acuerdo apoyadas por
un amplio espectro político, incluyendo todos los partidos del Gobierno.
Una constitución que fue preparada por expertos y personas elegidas por
la ciudadanía, que toma las cosas buenas del pasado, corrige los
errores del presente y nos prepara para los desafíos del futuro.
Por
el contrario, si gana la opción En Contra, se mantendrá vigente la
constitución con la cual hemos tenido las mayores décadas de progreso y
reducción de la pobreza en la historia del país. Una constitución que
nos ha permitido transitar a un régimen democrático, con alternancia en
el poder y que, al menos hasta hace algunos años atrás, nos hacía
distinguirnos de los demás países de la región por nuestra estabilidad
institucional. Una constitución cuya principal crítica era un “pecado de
origen” que el día de hoy queda purgado en las urnas, tras ser validada
en dos plebiscitos consecutivos, recibiendo el apoyo de absolutamente
todos los sectores políticos (incluyendo, aunque sea difícil creerlo, el
voto favorable del Partido Comunista, que hoy está por mantenerla).
Pase lo que pase, el día de hoy debemos terminar
con más de cuatro años de incertidumbre y discusión constitucional,
respetando el resultado que conoceremos a finales del día, aunque no
coincida con lo que marquemos en el voto. Es tiempo que nuestra clase
política vuelva a poner el foco en los enormes desafíos que tenemos por
delante, haciéndose cargo de las múltiples crisis que estamos viviendo
en materia de seguridad, economía, salud, educación, vivienda, pensiones
y una larga lista de etcéteras, que el Gobierno pareciera haber dejado
en el olvido.
Pero
ser optimista no implica ser incrédulo. Para avanzar en estos ámbitos
necesitamos liderazgos que sean capaces de volver a ponerse de acuerdo,
abandonando la lógica del “todo o nada” y la dinámica del “si no estás
conmigo estás contra mí”. Espero que hoy, todos los que somos ciudadanos
de esta hermosa patria, seamos capaces de entender estas cuestiones
fundamentales y que juntos construyamos un mejor país hacia el futuro,
con independencia de la constitución que nos rija.