No
voy a descubrir la pólvora ni menos hacérmelas de historiador. Hay
claridad de que los últimos años han sido complejo para todos (o casi
todos, sepa Ud. que hay algunas familias que subieron considerablemente
sus ceros en las cuentas corrientes, entre ellos el Presidente) y muchas
familias, personas con rostro, nombre y apellido, se han visto forzados
al sobreendeudamiento, a ingeniárselas para llegar con un pan a la mesa
o definitivamente ver truncados sus sueños y expectativas, con un
Gobierno que, al menos así lo siente la gran mayoría de chilenos, los ha
abandonado a su suerte. Tuvimos la oportunidad del cuarto retiro hace
un par de días y habrá que seguir esperando.
La
baja aprobación del presidente Piñera, con números increíbles, habla de
una desconexión total entre él, su familia y el resto de los
compatriotas. Es de necios el pensar que la primera autoridad del país
no sabía de un negocio multimillonario que vinculaba a su familia con su
mejor amigo, es más, y para que les paguen más, el Presidente debía
beneficiarlo. Un hazmerreír mundial.
El
sinfín de errores y horrores mediáticos, y por sobre todo éticos, hacen
que este oasis del cual se jactaba el Primer Mandatario en el 2019 se
le haya transformado en el peor desierto sin una gota de agua, con un
barco a la deriva que nadie sabe quién lo maneja. Quiénes son los más
afectados… Ustedes, nosotros, la clase media y trabajadora de este país.
Las pymes, el negocio de barrio, el esforzado asalariado que sobrevive
con el agua hasta el cuello.
El
estallido social y la pandemia han demostrado que existe una inmensa
mayoría que no quiere ser gobernada por neoliberales; pero estamos
corriendo un serio riesgo, con un candidato que crece, que aborrece
de las disidencias sexuales, que aminora la lucha de las mujeres, que
tiene en su programa el poder crear lugares de detenciones clandestinos y
que vía la armamenización del país se puede progresar, hoy es una
realidad.
Estamos
a pocos días de las elecciones, si bien no fue posible llegar con un
amplio acuerdo a una primera vuelta, tenemos la oportunidad de también
dejar las pequeñeces de lado;
sumar lo que nos une más de lo que nos separa, para poder llegar con un
o una presidenta de Chile que nos asegure un cambio con dirección a la
dignidad que buscan las chilenas y chilenos.
El
desafío de este año es la unidad. El poder llegar juntos, con los
independientes, los representantes de movimientos sociales, los
militantes de los partidos, todos juntos a cambiar de una buena vez por
todas lo que reclamamos en tantas y tantas tardes de protestas y
conversaciones que se dieron en cada uno de los territorios de Chile.
Nadie se puede quedar en su casa, si usted no va a votar, otro lo hará
por ti.
A los dirigentes sociales, deportivos,
territoriales y políticos, sepan que llevan en sus hombros las
esperanzas de toda una nueva generación por vivir en un Chile de todos,
en un Chile justo. Yo, siempre disponible para avanzar.