El
fin del Senado y el quórum para cambiar la Constitución antes del 2026
se ha tomado la agenda política en la Convención. La verdad es que a la
ciudadanía nos cuesta seguir el hilo de la discusión y más aun las
verdaderas intenciones de los constituyentes, o los poderes a los cuales
representan (que no son su electorado). Lo que se puede observar a
simple vista es que diversos poderes pretenden, aunque gane el Apruebo
el 4 se septiembre, meterle mano a la nueva Constitución antes que entre
en vigencia. Todo indica que una nueva cocina se instaló, porque el
olor a fritura tiene pasado a varios, con intereses más allá de la
Convención.
La
nueva Constitución generará grandes transformaciones institucionales y
es normal que encuentre resistencia, especialmente de aquellos que han
ostentado privilegios. Desde hace varios meses se ha instalado una
campaña de rechazo que intenta crear la idea que la nueva Constitución
tiene contenidos que no son compartidos por la ciudadanía, que no es lo
que la gente quiere. En ese discurso se instalaron la derecha, los
miembros de las 2 cámaras del Congreso y hasta el Presidente realizó un
comentario en esta línea (“compartiendo las dudas ciudadanas”).
La
nueva Constitución se está construyendo en democracia por voluntad de
la gente. El trabajo de la Convención está impregnado de legitimidad. La
ciudadanía decidió con un 80% que quería una nueva Constitución
redactada por hombres
y mujeres comunes elegidos por votación, rechazando la idea de que los
actuales poderes (el Congreso) intervinieran en su redacción. La
Convención en tiempo récord ha evacuado un borrador que cubre todos los
tópicos requeridos y que han sido demandados por una población que
desconfía y cuestiona la democracia que hemos construido. La Convención
nos presenta 499 artículos aprobados con un quórum de 2/3, es decir por
más del 66% de los constituyentes.
¿Por
qué un Congreso que desaparece con la nueva Constitución debería tener
la facultad de modificarla antes que entre en vigencia y con un quórum
inferior al exigido para su redacción? ¿Por qué candados de entrada y en
el proceso, pero puerta abierta de salida? La verdad es que las únicas
respuestas posible es que los viejos y nuevos poderes negocian y cocinan
las nuevas condiciones, para que los privilegiados y los que ostentan
el poder mantengan sus garantías y posiciones. La cocina con distintos
muebles y cocineros sigue tratando de imponernos un menú. Y nos dejan
pasado a fritura cada día.
La
nueva Constitución debe ser protegida de todo enemigo, de todo
encantador de serpientes, de todo poder rancio o mezquino, que la
intente alterar antes de su entrada en vigencia, modificando la voluntad
popular emanada del órgano democrático elegido para redactarla y
concretarla. Ya habrá tiempo para enmendar posibles errores, pero para
ello la misma nueva Constitución menciona las condiciones, mecanismos y
quórum requeridos a través de la iniciativa popular o el nuevo Congreso.
Defendamos
las transformaciones ya que son una deuda histórica que tardíamente nos
estamos haciendo cargo como sociedad. Chile requiere consagrar los
derechos de nuestros pueblos originarios, la igualdad de género y
paridad, un ambiente libre de contaminación y el bienestar de sus
ciudadanos. Nuestro voto debe construir una mayoría sustancial que
defienda los cambios, haciendo más difícil que los viejos y nuevos
poderes frenen la historia. Vamos por el Apruebo, trabajemos por el
Apruebo, triunfemos con el Apruebo.