Humos al norte

Este
miércoles 7 de diciembre se produjo un intento de golpe de Estado en el
Perú. Sorpresivo y torpe por la manera con que el ex Presidente Pedro
Castillo anunció sus intenciones al vecino país del norte. Cierre del
Congreso Nacional unicameral, por lo cual señaló que gobernaría mediante
decretos leyes; reorganización del Poder Judicial y de otras instancias
jurisdiccionales como el Tribunal Constitucional y toque de queda entre
otras medidas. En el Perú existe prácticamente unanimidad en el ámbito
político en calificar como intento de Golpe de Estado el propiciado por
Castillo y condenarlo duramente, porque rompía el orden constitucional;
tanto que hoy está detenido por ello. Son los propios peruanos que
abierta y directamente denominan las acciones de Castillo como golpe de
Estado, de manera que debemos estar a este calificativo para entender lo
que está sucediendo en el Perú. Cabe señalar que la coalición política
que llevó a Castillo al poder es una de izquierdas, en la línea del
Frente Amplio chileno de Gabriel Boric, de Lula da Silva en Brasil, de
Cárdenas en México, de Petro en Colombia y otros más.

En
la Constitución peruana no existe la figura de disolución del Congreso
por la sola voluntad del Presidente de la República, sin que medie dos
denegaciones de confianza que él presente al Congreso respecto de su
gabinete ministerial, cosa que no había sucedido en este caso, aun
cuando el Presidente interpretó que sí existieron ambas denegaciones.
Pero incluso si se entendiera que hubo dos denegaciones de confianza, la
vía constitucional no es cerrar totalmente el Congreso y gobernar
mediante decretos leyes, ni menos ordenar la reorganización del Poder
Judicial. Por eso el calificativo de golpe de Estado, porque Castillo se
apartó flagrantemente de la legalidad y constitucionalidad.

Uno
de los problemas que hoy sufre el país del norte es su excesiva
fragmentación partidaria, existiendo al menos trece partidos con
representación parlamentaria, ninguno de los cuales tiene mayoría en el
Congreso, lo que hace difícil la convivencia y los acuerdos políticos.
Esta situación está acompañada de la baja densidad institucional de
tales partidos. Luego, la gobernabilidad es precaria lo que se traduce
por ejemplo, en que Perú en los últimos cuatro años ha tenido seis
Presidentes de la República, habiendo sido Ollanta Humala el último que
terminó su periodo completo en el cargo el año 2018.

Lo
que ha venido aconteciendo en el Perú se debe mirar con atención; no
debemos desdeñar la situación política peruana que tiene como una de las
causas según señalamos, la excesiva fragmentación partidaria lo que
dificulta la convivencia y los acuerdos. Nuestro país no es ajeno a esta
situación, pues en la Cámara de Diputados existen al menos dieciocho
partidos políticos, en tanto en el Senado existen diez partidos. Se
aprecia una alta atomización que ha provocado una crispación política,
dificultando los grandes acuerdos nacionales en temas claves para el
país, como el problema previsional y educacional, su estrategia de
desarrollo y otros, todo lo cual ha frenado su avance. Promotores de tan
alta fragmentación es la izquierda que hoy gobierna el país cuyo
representante es el Presidente Boric. Para ellos esta fragmentación es
virtuosa, cuando los porfiados hechos claman al cielo diciendo que desde
la irrupción del multipartidismo excesivo el país ha venido en un
franco deterioro.

Quedará
para otro análisis la omisión de Boric de condenar el intento de golpe
de Estado por parte de un Presidente de izquierda.

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