IA y Deepfake los desafíos éticos y de educación

El
año pasado estudiantes peruanos modificaron con Inteligencia Artificial
(IA) fotografías de un grupo de compañeras para venderlas con fines
sexuales, situación similar se vivió en Chile el mes pasado cuando
alumnos del Colegio Saint George’s crearon fotos de compañeras desnudas
con la misma tecnología. Y solo hace unos días, las autoridades
australianas señalaron estar investigando la distribución de imágenes
pornográficas creada con deepfake de unas 50 estudiantes, presuntamente
manipuladas por un adolescente. Todas las situaciones donde la IA es
cuestionada por su mal uso, nos obliga a reflexionar sobre los desafíos
que se nos presentan al utilizar estas nuevas herramientas.


Desde nuestra verada como compañía de ciberseguridad sabemos que las
innovaciones tecnológicas como los deepfakes – técnica de edición de
audio y video mediante IA – representan un gran avance si son utilizadas
de manera positiva y se promueve y educa sobre su buen uso. Por
ejemplo, para la creación de imágenes educativas, para el apoyo de
campañas sociales e investigaciones, además de la implementación de
tutoriales o sistemas de simulación.

Al
mismo tiempo, es conveniente señalar que esta tecnología también trae
grandes retos, pues no solo se está usando estas plataformas para crear
imágenes pornográficas que pueden ser utilizados para desacreditar a una
víctima o incluso extorsionar, sino que también engañar y estafar a las
personas. En ese contexto, es que consideramos y recalcamos en la
necesidad de que la sociedad cuente con nociones de seguridad digital
para resguardar su identidad y no caer en engaños, pues cabe mencionar
que según nuestros estudios el 70% de los chilenos no reconoce cuando un
video ha sido creado o manipulado con inteligencia artificial.

Como
medida preventiva, lo primero es la educación promoviendo un uso
responsable de la tecnología. En este punto participamos todos, desde
usuarios hasta profesionales involucrados en la industria de la
tecnología. En estos momentos, es primordial transmitir a los usuarios
que la IA tiene un gran potencial para ser aprovechada en distintas
áreas y que su utilización responsable nos hará avanzar. Del mismo modo,
es relevante enfatizar en que su mal uso, como la creación de imágenes
que pueden desprestigiar o engañar, es una falta grave y que incluso
debería ser penalizado.

En
paralelo, hay que señalar los riesgos de compartir públicamente
nuestras imágenes en redes sociales y cuestionar la veracidad de algunos
mensajes, por ejemplo, si se solicitan fotos o datos personales. En
este punto, quiero ser clara: no hay nada malo en compartir fotos o
intimidades con personas de confianza, el problema ocurre cuando la
información es divulgada, y que además es modificada sin la aprobación
de su dueño.

Es
importante dejar claro: si cualquier niña o mujer encuentra fotografías
sexuales o pornográficas tomadas con su identidad utilizando
herramientas de inteligencia artificial, debe denunciar este delito a la
policía. Siempre es recomendable ser prudentes de los datos personales
que se entregan en línea, recordemos que todo lo que subamos a Internet
corre el riesgo de caer en manos equivocadas. Siempre será mejor
comprobar la configuración de privacidad de las RRSS. Revisar y ajustar
quiénes pueden ver las publicaciones y actividad en línea.

Al
recibir fotografías o videos también debemos ser prudentes y desconfiar
de cualquier contenido que se vea con modificaciones, anomalías, que
carezcan de coherencia o parezcan fuera de contexto. Por eso
recomendamos siempre buscar el origen de los contenidos y comprobar la
credibilidad del contenido y las fuentes.

La
IA y la creación de contenido deepfake ya son habituales y su uso fuera
de norma o poco ético puede ser una amenaza para la integridad de la
información digital. Nos enfrentamos a un escenario de posible
desinformación en el que vemos una manipulación digital avanzada que
compromete la autenticidad, exige cautela y necesita concientizar sobre
este fenómeno. Al mismo tiempo que nos enfrentamos a debatir sobre
privacidad, ética y trabajar en su educación y, por supuesto, una
regulación a la altura de los retos.

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