Estos han sido días de ir y venir, de tensión y distensión, de inquietud y quietud. Y en ese vaivén, se graba más, afortunadamente, lo que fue momento de paz, de sosiego, de encuentro, de solaz, de placer. Y afín a ese contexto, propongo esta vez algunos temas casi propios de cavilación. ¡Vamos!
Primer asunto. Decir ¡buenos días! no tiene que ver con referirnos al día en sus condiciones climáticas, es un saludo en que se expresa un deseo, ni más ni menos. ¡Sí!, un deseo. La fórmula abreviada ¡buenos días!, es, en realidad, más extendida. Algo así como ¡Buenos días les deseo a ustedes!, o ¡Buen día tenga usted!, o ¡Deseo que tengas un buen día!, variantes más, variantes menos. Recalco la idea de un deseo en el saludo, idea que no se alcanza a marcar o remarcar cuando saludamos. Si no se aprecia, es quizás porque es una fórmula de saludo muy desgastada, sin intención o ningún propósito de deseo. Y más, se da, y muchas veces se da, casi a disgusto, sin fijar particularmente la atención en la persona o personas a quienes se extiende. Incluso, hasta con una pronunciación debilitada, por decir lo menos. Si es, incluso, casi ¡Güenoh díah!
Segundo asunto. No pocas veces, nos queda la impresión a nosotros de que o es la situación de otros, sino de nosotros, que hay aspectos de nuestro ser, de nuestra forma de ser que necesitan algún pulimiento, alguna actualización, las llamo asignaturas pendientes. ¿A qué asignaturas me refiero? Menciono esta vez algunas, hay otras. La responsabilidad, la generosidad, el respeto, la sinceridad, la lealtad, la sobriedad, la paciencia, la comprensión, la prudencia, la humildad, el orden, la sociabilidad, la amistad. Tienen la apariencia de ser una colección de palabras, de sustantivos buenos, o de frases buenas. Son más que eso, mucho más. Estas y otras son la columna vertebral de la vida de las personas, de su ser y estar en la comunidad de personas que conforman, conformamos. Lo reitero, son asignaturas sin cuadernos, sin campana, sin pizarrón, sin profesor, son muchos los profesores, y esta escuela funciona 24/7 y los 365 días del año, ese es el ideal; no hay momento ni día en que dejen de cultivarse.
Tercer asunto. En consonancia con el asunto precedente. Ojalá pudiéramos retirarnos un momento, unos momentos, unas horas, varias, quizás. Y actualizarnos (F5) o resetearnos, derechamente. ¿Por qué esto? Porque no son pocas las intervenciones, o actuaciones en que fallamos, o nos queda esa impresión, o nos la hacen ver. Así, ¡qué manera de dispararnos a los pies! Ya casi no existe forma de afearnos más nosotros mismos. Con mayor habitualidad de la deseada nos apocamos, nos limitamos, nos obstaculizamos, nos restringimos. ¡Vaya si no! No creer en nosotros mismos es un comienzo y seguimos, no creyendo en el otro, a quien menguamos, sojuzgamos, achicamos en sus méritos, en sus capacidades, en sus virtudes y dones. Somos poco dados a reconocer, a resaltar, a destacar dichas buenas cualidades en el prójimo. Guardar silencio es uno de los modos, hablar por detrás, cuchichear, son otras formas de dejar de ser de confianza.
Y, una adenda o repaso. Antes que una crítica, aquella que realizamos del comportamiento o de las obras de otros, es buena la autocrítica, mismo análisis, pero del comportamiento propio. Es-un-a-ná-li-sis, no más. Un análisis crítico, fino, detallado, pertinente. Un análisis de 360°, una evaluación. Algunos lo llaman mea culpa, mas esta expresión y acción está más teñida de confesión, de culpabilidad. Quedémonos en un análisis del propio comportamiento, en una autocrítica. Es necesario hacerla para seguir. Capisci?
Nos queda algo de este año, el último cuarto de año. Pongámosle voluntad, empeño, decisión. Podemos virar algunos asuntos de nuestro adeene, y ya veremos cómo redunda o tiene efecto en nuestro derredor, en nuestras pequeñas comunidades sociales, la familiar, la de nuestro entorno laboral, profesional o social. Si cada uno lo hace, comprobaremos el efecto dominó de nuestras nuevas prácticas.
¡Vamos, que se puede!