Ideas Republicanas, el sueño de los hombres despiertos

Decía
un querido profesor que los buenos proyectos trabajan para asegurar la
vigencia de la libertad. Los malos, en cambio, articulan ingenierías
sociales endebles, con estados extensos, estériles y entrometidos, que
al final son tan onerosos que allanan las opciones de sus ciudadanos,
delineando tarde o temprano, un camino de servidumbre ineludible.

El
país, desde hace un tiempo, deambula desorientado entre los matinales y
a través de los epígrafes de cada diario, tratando de hallarse a sí
mismo, confrontando una realidad que se avizora drásticamente disímil a
cualquier expectativa, origen del pensamiento individual, en torno a la
consciencia de lo que somos y lo que es ahora el lugar en el que
vivimos.

Desde
la inseguridad y la anomia, donde pareciera que todos, tarde o
temprano, seremos engullidos por la voracidad depredadora de la
incesante criminalidad, hasta el clima de crispación y escrúpulos de
unos con otros tras el pandemonium que terminó siendo el movimiento
insurrecto del dieciocho de octubre de 2019, hemos circulado un trayecto
borrascoso.

El
saldo de experiencias nos ha dirigido a ser algo definitivamente
diferente, incluso, a presentarnos asediados por liderazgos y visiones
con el ostensible designio del avasallamiento, aparentemente tras velos
de inclusión, vindicación, indulgencia y redistribución de las cosas
buenas de la vida, bajo la ilusión de una riqueza presuntamente
abundante y que, en su criterio, puede distribuirse como un derecho
adquirido sin contraprestación alguna.

No
obstante, como comentaba Aristóteles, la esperanza es el sueño de los
hombres despiertos. Hoy en día también hay un contrapeso a esa ética del
saqueo que ha ido germinando, y se trata de un incipiente bastión de
libertad que trabaja arduamente en la elaboración de un proyecto país
cimentado en propuestas para recuperar Chile, el Instituto Ideas
Republicanas.

Para
no vivir entre el yunque y el martillo del vasallaje socialista,
aspiramos a esa sagacidad propia de quien lucha por la convicción
irreductible de sus ideas en la diseminación de los fundamentos de una
sociedad próspera, libre y responsable, basada en la cooperación y la
proximidad, sin más desencuentro, descomposición social y hostilidad.
Ese es el sueño republicano, la esperanza, el sueño de los hombres
despiertos.

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