Copio
literalmente lo que aparece como definición de igualdad del libro “el
imperativo de la igualdad” pagina 12, CEPAL Naciones Unidas 2016.
“En
pos de esta igualdad, el ejercicio de la ciudadanía aparece como valor
irreductible que determina el pleno derecho de cada persona a acceder a
umbrales de bienestar y reconocimiento. Y ello es así por el solo hecho
de ser parte de la sociedad, más allá de los méritos individuales. En
otras palabras, la igualdad de derechos provee el marco normativo que
fija los umbrales mínimos –e incrementales– de bienestar y de
prestaciones y, conjuntamente, impone límites a la desigualdad en el
acceso, sobre todo si esta desigualdad está “amparada” en la negativa de
titularidad de derechos económicos, sociales, políticos o culturales.
Entonces sí, desde este punto de partida, definimos las otras
dimensiones valorativas de la igualdad. El valor de igualdad que
perseguimos incluye la igualdad económica o de medios, que es
consecuencia de una mejor distribución del ingreso, y a lo largo del
libro argumentamos y analizamos cómo avanzar en este objetivo.”
Hoy
he decidido escribir sobre este tema, pues para los predicadores de
esta tan anhela “Igualdad”, el mérito, el esfuerzo, las capacidades o
dones, talento etc. de una persona o del ser humano no sirve de nada.
Ellos acusan, que quienes creemos en esta capacidad natural de surgir,
somos fascistas y/o ultra extremistas, entonces para que no peques al
leer está reflexión, ya sabes y conoces mi posición, creo en el mérito
pues esto es algo que no vamos a dejar de lado nunca, aunque en la
constitución esté escrita un millón de veces el concepto “Igualdad”
nunca vamos a dejar de lado el mérito, pues es intrínseco a la
humanidad: En principio, el mérito es vinculado con el resultado de
las buenas acciones que hace digno de aprecio a un hombre. No obstante, puede ser visto en un aspecto positivo o negativo.
En
el aspecto positivo, el mérito es atribuido a un individuo cuyo
esfuerzo, trabajo, acciones, o compromiso fueron reconocidos, a través
de un ascenso laboral, o de la entrega de una medalla, diploma, u otra
cosa que destaque los actos reconocidos.
Con
el solo hecho que usted y yo terminemos una carrera universitaria,
entonces recibimos un cartón, pregunta: ¿será que la “igualdad”
prometida por el flautista del progresismo, hará que yo aun no aprobando
los ramos o módulos, recibiré un cartón igualito al tuyo?. De aquí
nacen una serie de preguntas, esperando tener las respuestas de algún
profeta de la igualdad, doctrina esperanzadora de muchos cándidos
ciudadanos que apoyan a estos predicadores populistas.
Revisando
y mirando los estados en las redes sociales, veo imágenes de los
predicadores de la igualdad en Resort, playas de arenas blancas,
piscinas de hoteles etc. pregunta ¿Cuándo llegue la igualdad a nuestro
país, todos tendremos las mismas vacaciones? ¿Serán vacaciones
igualitarias para todos? ¿Será muy tonto lo que pregunto?
Ahora
dejando de soñar un poco y volver a realidad, me parece muy injusto
esto de “cupos reservados” “escaños reservados” yo soy un ciudadano
chileno con raíces ancentrales, con un apellido aborigen, pero aun
así me parece muy poco equitativo, hoy esto lo vemos en la convención
constituyente en ejercicio, pero mañana lo veremos en las
universidades, como ocurre en países vecinos, cupos que con los años
nadie o muy poco los usan.
¡Pero
sí, estoy de acuerdo con las vacaciones igualitarias!, de seguro logré
sacarle una sonrisa, probablemente alguno pensó que verdaderamente
estoy loco. Vuelvo a declarar estoy de acuerdo con el mérito, nuestra
sociedad chilena necesita EQUIDAD Social, necesita educación
vocacional, para tener a ciudadanos felices, aportando con su vocación y
servicio. Por favor no quiero seguir viviendo en un país que los
estudiantes de cuarto medio se gradúen por decreto presidencial, con
una o dos notas al año.
Deseo ver a estudiantes con sus rostros radiantes diciendo; ¡Lo he logrado!
¡Basta ya de populismo! Nuestra gente necesita que el estado reconozca la dignidad del ser humano.