Imaginar y reimaginar

Imaginar y reimaginar. Dos verbos, dos acciones, la segunda reiterada. Si imaginar es ingente labor, reimaginar es intentarlo una y otra vez, varias veces, pero ¿se figuran hacer este último proceso entre varios, procurando hacer coincidir sus genios, sus pensamientos, sus pareceres?

Imaginar es “Representar en la mente la imagen de algo o de alguien”. También es “Suponer algo a partir de ciertos indicios”. O, “Inventar o crear algo”. Y, finalmente es “Concebir algo con la fantasía”. He ahí cuatro acepciones del verbo imaginar. Y, reimaginar, es hacer todo ello varias veces.

¿Imaginar qué, reimaginar qué? ¡Chile! No un Chile imaginario, no aquel de Nicanor Parra, este es otro, este es un Chile i-ma-gi-na-do, es decir, más real que soñado. Se trata, ni más ni menos que de la imaginación acicateada por la inteligencia y la creatividad. Nada fácil, es preciso reunir cientos, miles de genios, desiguales, diversos todos, para construir, como si fuera en una forja, algo dúctil, perecedero, con visos de permanencia en un tiempo medio, al menos. 

¿Quiénes participarían en esta convocatoria? Soñadores, creadores, esperanzadores, ingenieros, diseñadores, arquitectos, profesores, cuestionadores, traductores, solucionadores de problemas, forjadores del futuro, filósofos, desarrolladores, escritores, rompecabezas, poetas, polemistas, emprendedores, científicos,… en suma, ¡reimaginadores! ¿Se les ocurre a quién más convocar?

¿Qué materiales se podrían emplear? Las ideas, los sueños, los pensamientos, las experiencias, las hipótesis, las vivencias, de unos, de otros, de todos.

Yo propondría la elaboración de un cuestionario que contuviera variables abiertas y cerradas que recogiera de modo amplio el parecer, la opinión de muchos respecto de temas que nos conciernen a todos. Ya sé, están pensando que esas son encuestas que se hacen periódicamente, o al menos, que de tanto en tanto nos sorprenden a todos con el resultado del proceso de recopilación de datos, y son titulares de prensa. 

Y, finalmente, lo tengo claro, si hay algo que imaginar y reimaginar, es la educación; y aquí matizo, no solo es preciso imaginar y reimaginar la educación institucionalizada, formal, también aquella que se hace en la casa, en la familia. La educación es preciso imaginarla, reimaginarla, renovarla, transformarla. ¿Qué recursos necesitamos? Lo principal, recursos humanos, disposición, ingenio, responsabilidad, propósito, de unos, de otros, de todos.

Me he acordado una vez más de mi formador, don Adalberto Salas Santana, quien en una ocasión afirmó: “Un problema bien planteado es un problema resuelto en sus tres cuartas partes” (mayo de 1980).

¡Manos a la obra!

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