No
recuerdo tantas semanas con alzas consecutivas en el precio de los
combustibles. Ni siquiera con el Mepco ha sido posible dar un respiro a
miles de automovilistas que utilizan sus autos para transportarse e
incluso para trabajar.
En
zonas de nuestra región, los valores de la bencina de 93 octanos
incluso están llegando y sobrepasando los $ 1.000 lo que es francamente
impresentable.
Muchos
critican que buscar una rebaja al impuesto específico, el que fue
instaurado en el siglo pasado, en la década de los 80’, generará un
incentivo perverso para el uso de los automóviles y beneficiará a
aquellos que más tienen y que no les genera ningún problema pagar más o
menos por el valor de las bencinas.
Pero
esta semana, una persona que cargó $ 20.000 en bencina de 93 octanos,
me comentó que en su boleta venía desglosado el pago. Por concepto de
impuesto a los combustibles, pagó $ 6.263 sumado al pago del IVA, que
fueron otros $ 2.193, terminó cargando efectivamente $ 11.544 en su
estanque.
¿Es justo el impuesto a los combustibles? Desde mi punto de vista para nada.
Su
razón inicial siempre fue la reconstrucción de carreteras post
terremoto de 1985, y ya 36 años de dicho evento, está más que claro que
eso no es así porque la gente debe pagar peajes y en otras zonas de
Chile, el famoso tag por el uso de las vías que en su gran mayoría están
concesionadas por lo tanto esa reparación ya no es tal y el impuesto
simplemente va a las arcas fiscales.
Por
ello, en medio de esta pandemia, junto al diputado Álvaro Carter
presentamos un proyecto de ley que busca rebajar en un 50% este impuesto
cuando nos encontremos en estado de emergencia o bajo una alerta
sanitaria.
¿Por
qué solo bajo esos estados? Porque toda propuesta de rebaja o
eliminación de impuestos es una atribución exclusiva del Ejecutivo por
lo que un proyecto de eliminación de este gravamen es simplemente
inadmisible y no es parte de las atribuciones que tenemos como
legisladores.
Incluso yo defendí la admisibilidad del proyecto ante la Cámara de Diputados, con éxito, ya que finalmente fue acogido a trámite.
Ahora
este proyecto se encuentra en plena tramitación en la Comisión de
Hacienda donde se le están incluyendo nuevas indicaciones para hacerlo
más robusto y para que tengan un mayor alcance, donde junto al diputado
Carter hemos participado activamente para que los plazos se acorten y
logremos que a la brevedad esté siendo discutido en la Sala de la Cámara
de Diputados y sea despachado al Senado para que se transforme en ley
de la República.
El
uso del vehículo en estos tiempos ya dejó de ser un privilegio de unos
pocos porque nadie puede desconocer que, para las familias, más aún en
regiones como la nuestra, es un bien que les permite transportarse con
seguridad y evitando de buena manera el mal tiempo que muchas veces
arrecia.
También
el vehículo se ha transformado en un medio que está permitiendo a
muchas familias utilizarlo como medio de transporte para sus trabajos
que les permite dar subsistencia a su familia durante esta época de
pandemia.
El crecimiento
de los trabajos de delivery se ha dado en gran parte gracias a que
muchas personas contaban con un medio de transporte que les genera esa
facilidad de movilidad en la región y poder de esa forma entregar sus
pedidos en diversos puntos.
No
miremos como un lujo el uso del automóvil. Tenemos que verlo desde la
perspectiva de que ya es un bien necesario para las familias
principalmente de clase media que ya se ven castigadas por el pago del
impuesto verde, el permiso de circulación, el pago de peajes entre
otros.
Vamos
a seguir trabajando para que esta rebaja del impuesto específico de los
combustibles sea una realidad en nuestra región y el país.