Tal
como se suponía, el presidente Boric mantuvo su decisión respecto a no
modificar el impuesto a los combustibles; bueno, al menos a no
disminuirlo, tal como ya había anunciado durante su campaña. La parte
buena de esto es que demuestra que sí mantiene su palabra. La parte mala
es que ello significa no sólo que seguiremos pagando un impuesto muy
alto – más de la mitad del precio de surtidor es directamente impuesto –
sino que está en línea con lo que también el nuevo gobierno ha
anunciado: los impuestos seguirán subiendo.
Y
parece que no queda otra, hay que pagar la creciente demanda de
derechos ciudadanos y el aumento del aparato estatal que todo indica
seguirá creciendo y que hay que pagar porque el Estado no es
precisamente un generador de recursos, tiene que sacar el dinero de
alguna parte y los impuestos son la herramienta; eso es más viejo que el
hilo negro…
El
problema es que para pagar impuestos hay que generar recursos, y para
hacerlo hay que invertir en actividades que permitan generar bienes o
servicios que se puedan vender con algún beneficio y que alguien esté
dispuesto a pagar por ello. Ese es el círculo virtuoso que genera
crecimiento, la filantropía pura no existe pues nadie trabaja si no
obtiene un beneficio por ello, y nadie compra pagando más de lo que está
dispuesto a pagar. Es economía básica.
Pero
si de cada peso que se gana hay que pagarle al Fisco un porcentaje
creciente, el círculo virtuoso se destruye, cada vez hay menos
incentivos para invertir porque llega un momento en que sencillamente ya
no es negocio; ya sea porque se gana muy poco o porque el producto es
tan caro que nadie lo quiere. Peor aún si la decisión del Estado es
intervenir fijando precios. El opuesto también es cierto y por eso es
tan malo que existan monopolios o colusiones que obligan al comprador a
pagar más de lo que es justo porque no tiene alternativa; eso también
destruye el círculo virtuoso y ahí sí que puede y debe intervenir el
Estado, no fijando precios sino cuidando que no existan esos vicios.
No
es casualidad que los países que mejor funcionan, y donde menos pobreza
existe, son aquellos en los que el Estado interviene con menos
impuestos, que permite el libre desarrollo de la economía. Lo paradójico
es que justamente esos países son también aquellos en que la
recaudación fiscal es más alta, precisamente porque al haber más
generación de recursos, menos impuestos permiten recaudar más.
Desgraciadamente
las señales en Chile hace tiempo que van en dirección opuesta, ya sea
porque el Estado no cumple con su deber de cuidar que el mercado se
mantenga sano (ejemplos sobran), o porque acude a la vieja idea de subir
impuestos para recaudar más, impidiendo el libre desarrollo de la
economía.
En
Magallanes no necesitamos ayudas ni bonos ni más Estado, sino todo lo
contrario, algo tan simple como menos impuestos seguramente ayudaría
mucho más que inventar ayudas específicas, por muy bien intencionadas
que ellas sean.