La reciente filtración de audios por parte del ex director de la PDI a un conocido abogado de la plaza, como Luis Hermosilla, ha dejado al descubierto una triste realidad en Chile: la decadencia no sólo profesional, sino ética que permea en algunas esferas de poder.
Este accidente con dolo no sólo refleja una falta de respeto por la institución, la confidencialidad y la ética profesional al divulgar detalles de investigaciones judiciales a terceros, sino que también suscita interrogantes sobre los motivos detrás de este acto y si existen intereses ocultos involucrados.
Es fundamental que este episodio se investigue a fondo, hasta las últimas consecuencias.
Hay que agradecer y valorar el trabajo del Ministerio Público, que ha demostrado un compromiso dedicado en avanzar con la investigación.
Para este objetivo, es crucial actuar con responsabilidad en medio de este escenario, permitiendo que los persecutores realicen su labor sin especulaciones, tesis de bolsillo ni interferencias externas.
¿Por qué es tan importante esto último? Porque el lenguaje que utilizamos tiene el poder de moldear la realidad, y es preocupante la falta de prudencia en las declaraciones de figuras públicas como la vocera de gobierno, Camila Vallejo. Sin pruebas contundentes, acusar a personas de pertenecer a una supuesta red de corrupción solo contribuye a polarizar aún más el ambiente político y daña la credibilidad de las instituciones.
Es alentador ver que la respuesta más sensata provino del ámbito judicial y no de la política, con el fiscal Ángel Valencia invitando a la vocera a presentar todos los antecedentes relacionados con sus afirmaciones. Esta actitud demuestra la importancia de dejar que las instituciones competentes realicen su trabajo sin interferencias externas. Es hora de abandonar la inconsecuencia en la política actual.
El gobierno no puede permitirse distraerse en disputas menores cuando la prioridad debería ser abordar el daño causado a la institución de la PDI y trabajar en fortalecer la agenda de seguridad del país. La justicia debe cumplir su rol y responsabilizar a quienes corresponda, sin que los ministros emitan declaraciones sin sustento que solo contribuyen a entorpecer el proceso.
Pero no es lo único: también resulta desalentador observar cómo el gobierno se enreda en disputas políticas, como lo sucedido en la elección de la mesa del Senado. Si bien existen responsabilidades compartidas en el quiebre del acuerdo, es fundamental priorizar el diálogo y la construcción de consensos en lugar de buscar confrontaciones innecesarias como lo hace el Presidente Boric. Porque cuando él emitía la “pachotada” por la decisión soberana de otro poder del Estado, el nuevo presidente del Senado, José García Ruminot, invitaba al gobierno y a las fuerzas políticas al diálogo. En vez de gritar el verso de nicho, el Presidente Boric debió saludar e invitar al nuevo jefe del senado a una reunión en La Moneda para fijar prioridades legislativas en pro de la ciudadanía.
Es imprescindible avanzar en reformas estructurales en áreas clave como salud, educación, tributaria, pensiones y en una reforma política urgente. Solo así podremos comenzar a superar la crisis que aqueja a Chile.