Indiferencia

La
indiferencia es, ni más ni menos, frialdad, desinterés, desaliento,
desesperanza. ¿Por qué? ¿Qué podría provocar tales sentimientos? ¿La
verdad? es un verdadero cóctel de sentimientos y situaciones, como
desilusión, apatía, contrariedad, discrepancia, oposición, roces,
conflictos, dificultades, y más.

No
es un tema actual, ni es de aquí, también es de allá, me refiero a que
también se vive en otros lugares. Aun más, no es exclusivo de unos, lo
es de todos, o es cíclico. A veces se encarna en unos, y luego se
apropia de otros.

¿Por
qué la indiferencia? ¿Cómo asoma, cómo se manifiesta? Con el así
llamado efecto evitación. Se evita, evito, evitamos tomar parte en
ciertas materias, conocer o enterarnos de algunos asuntos enojosos,
participar en ciertas resoluciones difíciles, votar algún considerando
que estimo no es contributivo, o que no aporta, comunicar el propio
parecer si es de minoría, o incluso de mayoría, comprometer nuestra
participación en materias enojosas, informarnos, sí, documentarnos de
las materias en las que deberíamos tomar parte como ciudadanos.

Lo
último, ya no es evitación, es negación, es resta. Alguna vez, no solo
una, afirmé que soy más de sumar y multiplicar, toda vez que así se
pueda o sea necesario y que, por tanto, no soy amigo de la resta y menos
de la división.

Y ya asoma con claridad que la indiferencia marca la diferencia.

En
estos tiempos, particularmente, la indiferencia, creo, se asocia, entre
variados factores, a lo que se comunica, también cómo se comunica y, no
menor, a quién comunica.

Al
parecer de muchos, y las vilipendiadas encuestas lo revelan, no existe
buena recepción de lo que es objeto de comunicación, pues ello no
responde a las expectativas de las personas receptoras de esos mensajes o
quizás destinatarios de beneficios, por ejemplo (¿seré yo, señor?,
¿seré yo uno de esos beneficiarios? es la típica pregunta). Luego,
también es un factor incidente, cómo se comunica lo que se comunica, el
medio que se utiliza, el contexto en que se comunica, entre quienes se
comunica, quizás debiera ser de un modo más próximo, horizontal, y no,
con altanería, de modo confrontacional. Importan los focos, los
micrófonos, el punto de prensa, quienes rodean a los voceros, el lugar
en que se efectúa la comunicación; todo, todo incide en la recepción, y
en los receptores, no solo en unos, en todos.

La
indiferencia también tiene que ver con quién es el emisor, quién es el
que comunica, informa o relata. Sí, ha de ser quien tiene
responsabilidad en la vocería, quien está en la pirámide del tema o
asunto a tratar, es lo justo, no obstante, puede suceder que el piso y
el respaldo sea poco, circunstancialmente. Ocurre entonces que se puede
conceder menor crédito a lo que se comunica, aunque haya
espectacularidad en el anuncio, incluso puede experimentar efecto
contraproducente.

¡Qué
intríngulis! Por un lado, no asistir, no ver, no querer ver, no
empatizar, es parte de lo que llamamos aquí, indiferencia; no obstante,
si quisiéramos que todo sea diferente, deberíamos participar aunque
cueste, deberíamos ver, nos debería importar el otro.

Sugiero,
solo sugiero, hacer el mayor, el mejor y genuino intento de construir
nostridad, de hacer de este entorno nuestro, uno, uno mejor, ahora,
luego, no mañana ni pasado mañana.

Aun así, ¡vivan las diferencias, ojalá menos, la indiferencia!

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