La
inestabilidad emocional, es un patrón de comportamientos, emociones y
pensamientos que rompen con lo que se espera social y culturalmente. Se
caracteriza por una evidente impulsividad y por un patrón de
inestabilidad en las relaciones interpersonales. Al igual que en la
auto- imagen y en el plano afectivo.
La
inestabilidad emocional son un conjunto de características
desadaptativas. Son forma de pensar, sentid y actuar que no son sanas ni
saludables, ya sea para la persona ni para su ambiente. En este
cuadro clínico son muy frecuentes los arrebatos de ira y violencia, por
lo que estas personas se muestran incapaces de controlar sus propias
conductas impulsivas. Lo que a su vez genera actitudes violentas,
agresivas y explosivas. Además, es frecuente que estas personas tengan
un estado de ánimo variable.
Como
estas personas exhiben un comportamiento agresivo, impulsivo e
inestable, habitualmente entran en conflictos con quienes les rodean.
Por lo señalado, los otros deciden evitar a quienes padecen este
trastorno. Son rechazados socialmente.
Algunos de los síntomas del trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad son los siguientes:
– Tendencia a actuar de manera inesperada sin pensar en las posibles consecuencias.
–
Predisposición a presentar un comportamiento agresivo e impulsivo e
inclinación a tener problemas con las personas de su entorno, sobre todo
cuando estas procuran impedir o censurar los actos impulsivos.
– Tendencia a presentar arrebatos de ira y violencia, dando lugar a una escasa capacidad para controlas sus propias conductas explosivas.
– Dificultades para realizar actividades duraderas en el tiempo que no ofrezcan una recompensa inmediata.
– Humor y estado de ánimo inestable.
– Facilidad para establecer relaciones intensas e inestables, las que terminan en crisis emocionales.
– Esfuerzos excesivos para evitar ser o sentirse solos o abandonados.
– Reiteradas amenazas o actos de autoagresión, como ideación o intento de suicidio.
–
Sentimientos de vacío, caracterizada por la sensación de “no tener nada
dentro”. Es un sentimiento negativo asociado frecuentemente al
sufrimiento y al conflicto. Sensaciones que son persistentes en el
tiempo.
En
cuanto al tratamiento de este cuadro clínico, consiste en un tipo de
atención que abarca el control de la impulsividad. De tal modo que la
persona pueda aprender técnicas de autocontrol. Igualmente reciben
entrenamiento para detectar señales que indican que pueden llegar a
actuar de forma impulsiva, con la finalidad de poderlas controlar a
tiempo, antes de que se desaten.
Resulta
esencial quien sufre este cuadro clínico trabaje los déficits que
padece en cuanto a las relaciones interpersonales, como el control
de las emociones, al igual que capacidad para controlar el sufrimiento
que le produce el rechazo. Estos déficits se trabajan en la terapia
tanto a nivel individual como grupal.
No
obstante, es frecuente emplear tratamiento terapéutico y farmacológico
al mismo tiempo, por ello se recomienda acudir a profesionales de la
salud mental a la brevedad, para que puedan evaluar correctamente el
caso concreto de cada paciente y así poder realizar una combinación de
tratamientos adaptado a cada persona.