Chile
hoy enfrenta graves problemas económicos y sociales. La pandemia del
Coronavirus y los retiros del 10% nos han dejado la inflación por las
nubes. La más alta en décadas. Y desde hace rato se venían anunciando
las graves dificultades por las que atravesaremos en nuestro país en los
próximos meses y que también pasarán a ser desafíos a sortear para un
mandato presidencial que entró con muchas expectativas. Tenemos que
salir adelante, pero para ello necesitamos la colaboración de todos. La
tarea será muy dura, porque desde afuera, incluso nuestros vecinos -pese
a que están peor que nosotros-, nos miran con preocupación porque ven
que estamos con un fuerte deterioro del crecimiento económico y una
crisis institucional. Nos acostumbramos a crecer y con cifras muy
azules. En Magallanes nos damos cuenta de ello profundamente. Quizás nos
creímos de verdad el cuento de ser un ejemplo como país en
Latinoamérica. Hoy nos genera alarma saber qué Chile le vamos a entregar
a nuestros hijos y a las nuevas generaciones. Si el país se está
cayendo, como dicen algunos, es responsabilidad de todos levantarlo y no
sólo buscar culpables. Ahora se suma el vandalismo y la inseguridad,
que es otro problema grave. Chile es de todos y no sólo de los que
gobiernan, lamentablemente en la última década se ha llenado de odios y
egoísmos que no conducen a nada. El país vive una situación compleja
-“la crisis está”-, y hay que hacerse cargo. Hay que reconocer los
errores cometidos en la conducción y sentarse a enmendarlos, por ejemplo
en políticas económicas mal aplicadas y que sólo son compromisos de
campaña. Hay algunas medidas que han terminado volviéndose un boomerang
en contra de la gente. El encarecimiento de los alimentos es algo que
nos afecta transversalmente y que mes a mes nos percatamos al ver que ya
no nos alcanza y que nuestro presupuesto se ha visto reducido
drásticamente.