La
inflación es uno de los aspectos más importantes en el estudio de la
macroeconomía y de la política monetaria de los bancos centrales. Una de
las funciones de los precios es permitir a los compradores indicar la
cantidad de producto que desean comprar según el precio del mercado y a
los empresarios determinar la cantidad de producto que desean vender a
cada precio. Los precios garantizan que los recursos se repartan de
manera eficiente para alcanzar un equilibrio de mercado y así se pueden
asignar de manera eficiente; no obstante, lo más común es que los
precios aumenten, provocando lo que se llama inflación. La subida de los
precios además provoca que la gente prefiera consumir ahora en vez de
más tarde, porque entonces los precios serán más caros, y esto es
fundamental para que el dinero circule y haya transmisión de bienes en
una economía. La inflación en tiempo prolongado genera la pérdida de
poder adquisitivo y otro de sus efectos es que el dinero pierda valor,
por lo que motivará a consumir y gastar el dinero, en vez de ahorrarlo,
ya que si el dinero va a valer menos en el futuro, los ciudadanos e
inversores preferirán gastarlo ahora. Si no hubiera inflación, los
precios bajarían (deflación), que es el temor de cualquier responsable
económico de un país. La deflación puede ralentizar el consumo y el
crecimiento económico, pudiendo, además, derivar en una espiral
deflacionista con terribles consecuencias para la economía del país. Es
por ello que tiene que existir un equilibrio para que una economía sea
sana. Latinoamérica será la región con la inflación más alta del planeta
este 2021. Existe un contexto global de mucha liquidez, atascos en las
cadenas de suministro, aumento en el precio de las materias primas
(especialmente los alimentos y la energía), depreciación de las monedas
latinoamericanas y una fuerte recuperación del consumo. El costo de la
vida en Argentina se ha disparado hasta subir un 52,1%, mientras que en
Brasil se alzó el 11,1% y en México un 6,2% en octubre, en relación con
el mismo mes del año anterior; luego viene Chile con un 6%. Dejando de
lado la hiperinflación de Venezuela, la de Argentina es, de lejos, la
más alta de la región. La tercera economía de América Latina tiene casi
cinco veces más inflación que Brasil y más de ocho veces la de México.
Los precios de la comida, la gasolina, el gas y la energía eléctrica son
los que lideran las subidas inflacionarias, y al ser productos de
primera necesidad, son las familias más vulnerables las que sufren los
efectos más duros del aumento en el costo de la vida. En Chile, la
inflación llegó a su nivel más alto en 13 años, mientras el Banco
Central continúa subiendo la tasa de interés para contrarrestar el
aumento de precios. Los factores que establecieron este aumento son
variados. Sin duda alguna, lo sucedido en los mercados internacionales
por el precio de diferentes materias primas, como son los combustibles, y
así también los importantes esfuerzos fiscales que ha realizado nuestro
país por medio del Ingreso Familiar de Emergencia. Los constantes
retiros de los fondos previsionales no solo han perjudicado las
pensiones futuras de nuestros compatriotas, sino que también han ayudado
a generar un aumento en la inflación de este año, afectando fuertemente
a los más vulnerables y la clase media. Nuestro gobierno, conociendo
todas estas variables, ha querido generar condiciones de inversión y
estabilidad económica positivas para lograr reactivación económica,
recuperar empleos y así volver a una nueva normalidad pospandemia.
Esperemos que quienes tengan el desafío de gobernar en el futuro
ponderen la importancia que tiene los aspectos económicos en la vida
cotidiana de nuestros compatriotas, comprendiendo que un mal manejo de
la economía puede empobrecer rápidamente a un país.