Infraestructura resiliente

Chile, un país emplazado
en una zona de alta sismicidad y con una realidad climática cada vez
más extrema, como pudimos ver con las últimas lluvias, se enfrenta a un
desafío crucial: construir infraestructura resiliente. Entendemos
resiliencia como la capacidad de un sistema de soportar y recuperarse de
eventos adversos, lo que se vuelve imperativo para garantizar la
seguridad, el bienestar y el desarrollo sostenible.

La
infraestructura resiliente es importante para mitigar impactos y
avanzar en materias de cambio climático: puentes, redes eléctricas,
sistemas de agua, redes de telecomunicaciones, hospitales y escuelas que
sean capaces de resistir los efectos de los eventos climáticos extremos
y desastres naturales, son algunos tipos de proyectos de inversión que
se deben desarrollar cumpliendo ese estándar. Según la OCDE, el país
debe invertir US$ 6,9 billones a 2030 para mitigar los efectos de la
crisis climática.

El
Ministerio de Obras Públicas (MOP) ha dado importantes pasos en esta
materia, como la creación de la división de “Infraestructura Resiliente”
marcó un hito, estableciendo lineamientos para el diseño, construcción y
operación de infraestructura pública.

Además,
se han implementado diversas iniciativas como la “Estrategia Nacional
de Infraestructura Resiliente al Cambio Climático” y durante este año se
debe presentar la política de sostenibilidad de esa cartera.

Estos
proyectos buscan incorporar la resiliencia en todas las etapas del
ciclo de vida de la infraestructura, desde su diseño hasta su operación y
mantenimiento. Algunos ejemplos son obras de control y regulación de
crecidas, mantención de cauces, infraestructura vial y bordes costeros,
entre otros. Estos se suman a nuestra norma sísmica que se destaca
porque previene y minimiza los daños causados por los sismos.

Si
bien se han logrado avances, aún nos queda camino por recorrer: creemos
que se debe avanzar en generar metodologías de evaluación social de
proyectos que incorporen la resiliencia como un elemento central de la
evaluación; educar a la ciudadanía y al sector público en esta área,
generar incentivos hacia el mundo privado para iniciativas de este tipo,
crear nuevos espacios públicos, áreas verdes y viviendas, lo que
contribuye al desarrollo urbano sostenible. Aquí las denominadas
soluciones basadas en la naturaleza son una alternativa a considerar.

En
definitiva, la infraestructura resiliente es una inversión fundamental
para el futuro de Chile. Contar con obras robustas y adaptables lleva a
que estemos mejor preparados para enfrentar los desafíos del cambio
climático y los desastres naturales, asegurando la seguridad, bienestar y
el progreso de las presentes y futuras generaciones.

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