Producto
de la contingencia por la pandemia, nos enfrentaremos este 31 de
diciembre a la primera celebración de año nuevo sin ninguna restricción
por pandemia. Es claro que tenemos mucho que celebrar, pero también que
las ganas de hacerlo nos pueden jugar una mala pasada. Año tras año,
fecha de celebración tras fecha de celebración, lamentamos la muerte de
compatriotas. El primer día del 2019 terminamos con 33 muertos por
accidentes de tránsito, y el 2022 con 28, sin contar los heridos en
accidentes o intoxicados. Para muchas familias en Chile, los años parten
con dolor.
¿Cómo
evitar esto? ¿Cómo en este marco podemos celebrar y no lamentar? ¿Cómo
podemos orientar a nuestros hijos e hijas para celebrar de manera
responsable bajo estas circunstancias?
Al
respecto, la Fundación San Carlos de Maipo lleva ya más de 6 años
trabajando en el concepto de la prevención, entendida como el abordaje
sistemático de los factores de riesgo y protectores que explican
conductas tales como el consumo excesivo de alcohol y drogas, la
violencia, la delincuencia, la ansiedad o la depresión. Desde esa
mirada, algunas recomendaciones previas a las fiestas son Monitorear la
conducta de nuestros niños, niñas y adolescentes: involucrarnos en lo
que hacen, con quienes comparten, en sus intereses y gustos, es algo que
podemos hacer en estos días. Entender cómo pretenden celebrar les hará
ver que para nosotros son importantes, y que estaremos atentos a sus
conductas. Por otra parte, plantear claramente nuestras expectativas:
¿les hemos hecho ver que queremos que se cuiden estos días, que no nos
da lo mismo que beban en exceso o que consuman drogas? Puede parecer
obvio, pero está más que documentado en la evidencia nacional e
internacional que las conductas no deseadas tienen mucho que ver con
expectativas poco claras de conducta de sus cuidadores. Es importante
transmitirles a nuestros adolescentes, de manera positiva, lo que
esperamos de ellos y ellas. Esto les permite considerar diferentes
puntos de vista, sentirse más seguros, seguras y capaces y tomar
decisiones menos impulsivas.
También
es importante transmitirles información relevante y fidedigna: el
exceso de información puede ser confuso, sobre todos para los
adolescentes que están expuestos a un gran flujo de ésta por diferentes
medios. Los padres y cuidadores debemos darnos el tiempo de poder
encontrar la información adecuada, y real para entregarles. En esta
misma línea, hablar con ellos desde nuestro sentir y no desde nuestro
juicio: nuestros adolescentes escuchan y entienden de mejor manera
cuando les decimos qué es lo sentimos con sus conductas, qué nos pasa a
nosotros con sus reacciones. El miedo, la pena, la preocupación y el
cansancio, son emociones legítimas que viven los padres, madres y
cuidadores. Estas emociones son posibles y necesarias de expresárselas a
ellos, ya que abre una puerta que les permite empatizar con nosotros,
generar una conversación y evitar los juicios de valor que normalmente
parten con la expresión “Tu eres de una determinada forma”. Cuando
hablamos desde el juicio, no les permitimos conectar con nosotros y esto
solo asienta los juicios que ellos puedan tener de nosotros y de ellos
mismos.
Nos
quedan muy pocos días para el inicio de un nuevo año, para celebrar que
iniciamos un nuevo proceso, ¿podemos tomar las acciones necesarias para
celebrar con alegría y sin dolor? Aún estamos a tiempo, podemos dejar
de llegar tarde. Ese es nuestro desafío.