La delincuencia está llegando a tal extremo que ya nadie está libre de ser víctima de algún delito,
y esto se viene incrementando especialmente durante este año, pese a la
negación de algunas autoridades. En la Región de Magallanes y
Antártica Chilena ya nos estamos acostumbrando a hechos que antes no
ocurrían y que pese a la pandemia del coronavirus
igual los seguimos percibiendo. Pero la mayor sorpresa es que en estas
pandillas actúan niños que no son imputables ante la justicia por los
delitos cometidos y que actúan con el máximo de frialdad y precisión en
estos atracos. Los estudios revelan que la mayoría de los delincuentes
que roban, asaltan personas, casas habitadas o deshabitadas, lo hacen
por la necesidad de obtener recursos económicos para adquirir drogas
para su consumo habitual, pero también las estadísticas informan que
muchos niños y jóvenes delinquen por acostumbramiento
de experiencias adquiridas de sus propios progenitores, que han hecho
de sus vidas una escuela del delito y así se van transmitiendo estos
conocimientos y habilidades delictuales de generación en generación.
Desde hace casi una década en Punta Arenas la intranquilidad nocturna se
ha apoderado de la población. Hoy la ciudadanía espera, y con justa
razón, que algún día haya más tranquilidad en las calles y plazas de
nuestra hermosa ciudad. Hay que implementar planes y estrategias
eficientes que permitan disminuir este flagelo desatado que estamos
presenciando a diario y que no nos permite vivir tranquilos en una región que se caracterizaba por su seguridad y tranquilidad.